EL PARAÍSO ESTÁ EN EL FONDO DE TU CORAZÓN

24 mayo, 2013

EL PRISIONERO INDULTADO Y LA GACELA

Archivado en: CUENTOS CORTOS — Carmen Sol @ 7:20
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Dicen que el viejo Henry Dunloghan llevaba tanto tiempo prisionero en la Isla del Diablo que incluso conoció al mismísimo capital Alfred Dreyfus, poco antes de que las eficaces soflamas periodísticas de Emile Zola lograran descubrir la verdad de su injusto encarcelamiento  y lo soltaran. Henry jamás supo de que lo acusaba el gobierno francés, pero en su conciencia se habían incrustado tantos intrusos del mundo de las sombras que hacía suyas todas las culpabilidades que podían pulular por el aire y aceptaba su encierro de por vida sin protestar.

Aquella mañana, cuando al despertarse encontró la puerta de su celda abierta no supo si realmente lo estaba o seguía como en los últimos 40 años, cerrada con cuatro cerrojos. Se acercó al dintel y efectivamente se abría al exterior un espacio entre el habitáculo y los barrotes. Extendió el brazo hacia afuera. Un silencio que llevaba su nombre se abría paso entre los rumores cotidianos, las voces de los encerrados y los vigilantes, y las de los que ya no estaban entre ellos, el viento desierto y el ruido de las olas en la marea baja.

Los carceleros tenían orden aquel día de ignorar absolutamente al prisionero 241244, como si de pronto aquella mañana se hubiera vuelto invisible, y aun más, como si nunca hubiera estado allí, como si apenas fuera otro de los fantasmas que siempre vagaron sin rumbo por la isla de los malditos.

Los pasos de sus pies descalzos lo llevaron al patio, tuvo que volver en busca de lo que quedaba de sus albarcas porque la piedra comenzaba a quemar por el sol de la mañana. Supo el camino que debía tomar, el que había recorrido en su angustiada mente en los últimos 40 años. El que va directo a la puerta de entrada, desde los pabellones de los prisioneros pasando por el amplio patio. No pensaba en nada, ni se preguntaba nada, ni se sorprendía por lo insólito de la situación. Simplemente llegó hasta el gran portalón instantes antes de que uno de los guardias, también sin mirarle ni decir nada, abriera lo suficiente para que pudiera pasar el prisionero cuyo número ya apenas se distinguía de su raido uniforme.

Sin detener sus pasos echó a andar por la carretera en dirección al desierto, aunque un pensamiento cruzó por su mente: seguramente no llegaría ni a andar una hora bajo aquel sol de justicia y sin haber comido ni bebido nada desde el mediodía anterior. Pero era preferible morir en libertad, por extraño que eso fuera en sus circunstancias. Nunca había estado fuera del recinto ni sabía cómo era la Isla del Diablo, sus únicas referencias eran los dramáticos y desoladores relatos de los carceleros y del alcaide, asegurando que toda la isla era un puro desierto de dunas adonde ningún evadido podía esperar encontrar cobijo. Pero hasta un niño de 6 años sabe que el mundo de los homínidos está costruido a base de mentiras y falsedades. Un niño de 6 años lo abe, pero no un prisionero a cadena perpetua que ya no recuerda el año en que dejo de recordar.

La carretera fue serpenteando por unas dunas cada vez más decoradas con vegetación, hasta que divisó las casas del pueblo, o de lo que pensó que era, según le habían contado, el único pueblo de la Isla. La precaución se incrusta en la piel del prisionero como su mejor protección contra las inclemencias del exterior; dio un rodeo subiéndose a unas lomas que bordeaban aquel conjunto de casas blancas, animadas por los lugareños que iban y venían con sus quehaceres. Lo dejó atrás y se adentró por un camino que bordeaba un bosque de pinos; pensó que se trataba de un espejismo hasta que se desvió y entró en él.

El bosque se fue haciendo más y más frondoso y a los pinos se les incorporaron otras especies como alcornoques, acacias, encinas, hasta rodear al evadido con las caricias de un gran bosque maternal.

Por fin el evadido se sentó. Era un claro en el que los rayos del sol se filtraban formando arabescos con la hojarasca pendiente de los grandes troncos de roble. La remota memoria de la paz en los bosques de su Irlanda natal comenzó a acudir a su cansada mente. Sintió como por primera vez en muchos años su cuerpo experimentaba algo que los humanos llaman relajación, pero que naturalmente los homínidos ignoran. Y se quedó dormido.

Lo despertó un cosquilleo en la mejilla. Por la claridad adivinó que estaba amaneciendo de nuevo, se había quedado dormido toda la noche sentado en aquella roca. Consiguió abrir los ojos y creyó que seguía soñando. La cabeza de una preciosa gacela que de tanto en tanto extendía su fina lengua para acariciar la curtida piel sin afeitar del indultado. No hizo ningún movimiento para no asustar al delicado animal. Lo miraba con curiosidad. Era lo más bello que recordaba haber visto jamás. Le sonrió. La gacela hizo un gesto instintivo de echarse atrás. Él le siguió sonriendo con extrema dulzura, esa que se va creando con muchos años de sufrimiento para dejar al descubierto una gran capacidad de amar. Levantó la mano despacio para acariciar aquella hermosa cabeza del animal más bello del bosque más exquisito. Ella pareció devolverle la sonrisa y le dio otra corta lamida. Entonces el indultado se dio cuenta que el animal estaba herido. Debió haber perdido el rastro de la manada y al huir por el bosque algo había rasgado su preciosa piel por varios sitios. Henry se dedicó a lamerte las heridas, como hizo con las suyas mientras estuvo en prisión.  La gacela se dejó hacer pacientemente recostándose sobre las rodillas del hombre. Éste tomó unos manojos de yerbabuena y tomillo salvajes y los fue aplicando a las heridas recién lavadas. El tiempo iba deslizándose ajeno a aquellos dos evadidos, cada uno de su mundo, sin tocarlos.

Cuando los periodistas llegaron, caída la tarde, para entrevistar al receptor de insólito indulto  y preguntarle si sabía quien fue su benefactor, los encontraron allí mismo abrazados, formando una escena bucólica difícil de describir; un prisionero que mereció la piedad de algún desconocido dios menor y una joven y preciosa gacela que probablemente se había extraviado de la manada y vagaba perdida por el bosque hasta que encontró a su amigo.

Juan Trigo 

14 mayo, 2013

NO SE RESIGNEN; ES MENTIRA. MANTÉNGASE VIVOS.

Archivado en: CUENTOS CORTOS — Carmen Sol @ 13:17

Continuación del cuento: “Una Bella Historia de Amor

Amanecía sobre el lago cuando Carla y Edgar interrumpieron sus goces amorosos para saludar al Sol.

- Vaya, amigo mío, veo que no te has dejado morir, has estado entrenando, y de qué manera, viejos y nuevos trucos. ¿Alguna vecina en especial ha gozado de tus favores o no ha sido solo una?

- Bueno, Carla, en tantos años, ya me conoces, el cuerpo tiene sus exigencias, y tampoco he perdido mi atractivo.

- Oh, no, claro que no, amigo mío. Ya me imagino estas campesinas suizas suspirando por las atenciones de ese extranjero  de quien todos hablan y mal. Eso te hace más irresistible.

- No hay que exagerar.

- ¡Mírame a los ojos, Edgar… mi Edgar! ¿Me estabas esperando?

- Desde luego chiquilla. No podía morirme si hacer el amor una vez más contigo. Como dices, he practicado todo lo posible, aunque ya puedes imaginarte, para estas mujeres de por aquí, temerosas de eso que llaman Dios, ciertas posturas…

- Por eso tenías tanta hambre de lo prohibido, ¿verdad? Uff… ha sido increíble. Edgar

- Dime

- Sabes que no te dejaré, ¿verdad? Digas lo que digas.

- Temo que sí.

-  Está bien, solo te lo preguntaré una vez. Piensa bien la respuesta. Soy la misma que conociste hace 40 años en las barricadas de la calle Faubourg Saint Honoré. ¿Quieres que me quede para el resto de nuestros días?

- Sí.

- Que rápido. Tú también eres el mismo. ¿Qué te pasaba ayer?

-  Simple, no estaba seguro de poder satisfacerte.

-  Pues, no soy tan complicada, ¿o sí?

-  Eres Carla, mi alma gemela, mi otra parte, el amor de mi vida; todo son temores a no estar a tu altura.

- Pues no tengas ninguno, contigo mis orgasmos nunca han sido fingidos, esta noche tampoco, entre otras razones porque no puedo fingir contigo… ni quiero, vaya tontería fingir haciendo el amor. Bueno, a veces lo he hecho porque quería conseguir algo del tipo al que me llevaba a la cama.  Pero contigo solo quiero conseguir algo que nadie más que tú puede darme, y ha de ser de forma transparente: tu amor incondicional. Ah!!!, Edgar. Eso fue lo que me atrapó y me sigue atrapando a ti: tú entrega sin condiciones. Así de sencillo, eres tú y te entregas sin reservas. No he encontrado a nadie así. Siempre mantienen alguna precaución por si acaso. Tú te lanzas sin paracaídas.

- Sería un estúpido si no lo hiciera, o estaría muerto en vida, como veo a tantos otros, incluso 10 años más jóvenes que yo, que por que les han dicho que ya no pueden… pues se resignan a que los aparten de circulación.

- ¿Cuál es el grito de guerra, mi capitán?

- Oh, cielo, eres increíble…

- Estoy esperando.

-  Oh, sí, ¿aparte de que la vieja Guardia muere, pero no se rinde jamás, como en la barricada de la rue Faubourg St Honoré?

-  No, esta vez hay más gente, y no son guerreros, sino ciudadanos perplejos y asustados porque creen haber muerto, y como dices, son mucho más jóvenes que tu. ¿Qué les vas a gritar para llevarlos al asalto del Palacio de Invierno?

- Fácil mi niña, lo más fácil siempre es lo más contundente: “¡¡No se resignen. Es mentira. Manténganse vivos!!”

 

Juan Trigo

1 mayo, 2013

¿PUEDE EL AMOR EN UNA RELACIÓN DE PAREJA SER DESINTERESADO?

Archivado en: CUENTOS — Carmen Sol @ 21:59
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Gunnar Bjornstrand, el viejo oráculo del Tronjeim, tuvo que llamar por teléfono a su consultante, contraviniendo sus propias normas, para atajar de una vez la avalancha de preguntas/respuestas por  chat que generó su última tirada de runas, a propósito de las dudas de la mujer sobre insistir en el que ella llamaba el amor de su vida.

-Vamos a ver Martha, – empezó con cautela, – volvamos al principio.

-¿Quién es usted? – preguntó la mujer con voz trémula, no pudiendo dar crédito a que la hubiera llamado.

-Sí, soy yo, Gunnar, y ya sé que mis condiciones son no mantener contacto telefónico con mis consultantes, pero parece que no me supe explicar bien, o que el tema va mucho más allá.

-Solo se trata de una relación amorosa, maestro…

-¿Sólo…? – el oráculo se quedó pensativo.

-Bueno, no, claro que no. Steve es el amor de mi vida; hace años que nos conocemos y aunque yo he pasado mientras tanto por otras relaciones…

-¿Es o no es el amor de su vida, Martha?

-Sí sí, desde luego, maestro. – se apresuró a confirmar ella ante el temor de que el oráculo colgara el teléfono inmediatamente al sospechar que no se trataba más que de otro de los frecuentes flirts. – Pienso en él constantemente desde hace mucho tiempo, pero siempre hay algo…

-Que es precisamente lo que le indiqué en la primera lectura de los glifos. ¿Recuerda el orden de aparición?: Eihwaz, paciencia, Uruz, transformación y Jera, cosecha. La respuesta a su pregunta de si debía seguir buscando la manera de establecer una relación con Steve es afirmativa, por Jera, pero hay que pasar antes por un proceso de transformación una alquimia interior, significada por Uruz, con paciencia y perseverancia, que es lo que pide Eihwaz.

-Claro, maestro, ya le entendí perfecta…

-No, no me entendió Martha, – le interrumpió – o yo no me supe explicar. También le señalé el aspecto de mercurio a Plutón en su Carta Natal, indicando que en este momento dispone de buena información sobre los miedos infundados que guarda en su Caja de Pandora, Plutón, y que Uruz pide abrir y procesar con Eihwaz, paciencia.

-Pero…

-Si Steve es el amor de su vida ha de arriesgarse, y él también por supuesto, y para ello ha de bucear usted muy hondo y ver qué es lo que le impide entregarse a alguien en cuerpo y alma, sin reservas, como no ha hecho nunca.

-Bueno Maestro, tampoco hay que…

-¿Es amor de lo que estamos hablando, Martha, o de otra cosa?

-Sí, sí, claro.- La mujer visualizó claramente como el viejo oráculo estaba otra vez a punto de colgar definitivamente. – Es el amor de mi vida – se censuró la niñería de haberlo de repetir como una etiqueta – Por eso le pedí que me ayudara.

-¿Está usted dispuesta a perder el control?

-¿Cómo?

-Ya me ha oído.

-Claro… yendo hasta los límites del amor…

-¡El amor entre un hombre y una mujer no tiene límites, Martha! Lo demás, será otra cosa pero no es amor.

-Claro, claro, Maestro; desde que conozco a Steve, y ya son muchos años, siempre me ha atraído poderosamente, pero al mismo tiempo noto que puedo ir demasiado lejos con él, demasiado al fondo. Y eso me asusta.

-¿Y?

-Me asusta entregarme de esa manera.

-Ya sabe que si usted se entrega él también lo hará sin condiciones, ¿verdad? De otra forma no hubiera aparecido Jera en su camino.

-Lo sé. Él siempre ha esperado a que yo me decidiera; es hombre de una sola mujer, lo sé también, y es hombre del todo o nada. Y he sabido siempre que no le interesaba en absoluto una relación pasajera, un flirt. Es lo que me ha estado coartando todos estos años.

-Y ahora su ser ya no le da más tregua, ¿verdad?

-Eso parece, Gunnar.

-¿A que está esperando, a que se hagan más viejos?

-Gracias.

-¿Por qué?

-Por haberme llamado. Sé que usted no lo hace nunca. Y de no haberlo hecho tal vez yo habría dejado pasar el momento.

-Tal vez. Aunque lo dudo; Su cuerpo y su alma se lo piden a gritos.

-Gunnar, – la mujer cambió radicalmente de tono, – ¿Por qué me ha llamado?

-¿Qué por qué la he llamado?

-Sí, – y se atrevió a añadir – ¿no será que usted se está planteando una situación parecida?

-…  – Silenció al otro lado, pero el oráculo no interrumpió la conversación.

-Disculpe si me he metido donde no me llaman. Desde luego le agradezco infinitamente la llamada, porque me ha dado el impulso que necesitaba para resolver mi vida de una vez, y no sé si he hecho bien en hacerle esa pregunta.

-Ha hecho bien.  – respondió Gunnar Björnstrand muy quedo.

-No tiene que explicarse, Maestro, ni mucho menos. Ha sido una tontería.

-Mucho menos de lo que usted cree, Martha. En efecto, yo también estoy en una situación parecida. – Martha empezó a inquietarse porque su maestro bajara del pedestal y se mostrara como un humano más, pero él continuó: – O cedo el control y me entrego sin condiciones o será otra mediocridad pasajera más.

- Y usted quiere que sea total. – se atrevió a decir Martha.

-Sí. – sentenció el viejo nigromante. – El verdadero amor en pareja o es incondicional o es otra cosa, que pasa sin pena ni gloria. Si el amor entre la pareja no es desinteresado, no es amor.

-Maestro, yo voy a hacer mi trabajo porque sé que tiene usted razón, pero ¿no cree que eso es poner las cosas muy en un plano demasiado teórico e idealista?

-Todo depende de lo que usted quiera en la vida.

-¿Y cuándo se da usted cuenta que su entrega incondicional le sirve al otro para manipularle mejor?

-Es el momento de marcharse.

-Con el corazón hecho trizas.

-No. Ahí está el detalle, precisamente, del amor desinteresado: Si no hay deseo de propiedad no hay dolor por la pérdida. Uno ama porque eso le hace feliz y expansiona su conciencia, no porque desea tener al otro para sí. ¿Comprende?

-¿Cómo quiere que comprenda que no voy a sentir dolor el día en que descubra que me han manipulado?

-Ese es su problema, ciertamente. Ya sabe lo que se dice en Magia Blanca, nadie puede ser manipulado si no lo permite.

Juan Trigo

17 abril, 2013

NO TIENE NINGÚN SENTIDO VIVIR COMO PERROS RABIOSOS ATACÁNDOSE CONSTANTEMENTE HASTA LA DESTRUCCIÓN.

Archivado en: CUENTOS — Carmen Sol @ 21:45
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El abogado Aleistair Crowley tenía su bufete en Conduit street, una de las calles más selectas del centro financiero de Londres, cerca de la no menos exclusiva galería de tiendas de Burlington Arcade. Aquella mañana su cliente, el diputado John Barrimore Cosworth Tercero, le hizo una intrigante pregunta que le llevaría de cabeza para el resto de su vida. Había conseguido el divorcio con extraordinaria facilidad; aunque a decir verdad su cliente pudo muy bien prescindir de sus servicios, porque la esposa de éste, contrariamente a lo que ambos se imaginaban, no hizo más que allanar el camino para una separación amistosa. Tanto es así que no hubo ninguna necesidad de ir a juicio.

- Me queda una cuestión todavía, Aleistair.
- Usted dirá, John, pero, ¿no está todo resuelto?
- Sí, sí, claro. Hemos repasado todos los detalles, no parece que haya ninguna trampa escondida, o factura que no hayamos podido prever.
- Claro, lo hemos repasado mil veces. Entonces, ¿Qué le preocupa?
- ¿Para qué han valido esos 18 años de infierno?
- ¿Cómo dice?
- Oh, no tiene nada que ver con asuntos de la judicatura, más bien es una pregunta existencial que yo me hago, ahora que ha pasado todo: ¿ha tenido algún sentido someternos y a nuestros hijos a ese infierno dantesco que parecía inacabable?
- Eh…
- Bueno, ya sé que en este momento y en este lugar requiere un esfuerzo intelectual que no tengo derecho a pedirle, pero, ¿con quién más puedo compartir esta honda insatisfacción de haber perdido lo mejor de nuestras vidas en una mascarada destructiva? ¿He de preguntárselo a Dios?
- Pues, tal vez, porque yo… John, ¿Por qué no prueba a consultar a ese psiquiatra de Viena, Sigmund Freud creo que se llama, que utiliza los métodos hipnóticos de Charcot para encontrar las causas profundas de nuestras torturas, en el fondo de nuestras conciencias? ¿Cómo pudieron aguantar ustedes dos tantos años…?
- Esa es precisamente la pregunta que no logro responderme, y por eso se la hago a usted porque a lo largo de estos largos trámites creo que nos ha llegado a conocer my bien.
- No, en absoluto. Aquí solo hemos visto documentos, bienes, propiedades, y la codicia de cada uno por quedarse con la mayoría de ellos. Pero ni por asomo puedo comprender qué les ha hecho tolerar ese infierno, del que sus amigos hemos sido testigos tantas veces, entre ustedes y para sufrimiento de sus hijos.
- ¿La necesidad de ir probando nuevas vías de entendimiento? ¿las culpabilidades por no ser capaces de? ¿la protección de nuestros hijos, que en realidad ahora respiran aliviados de no tener que soportar gritos e insultos? ¿un poco de todo? No lo sé. Ahora que ya ha pasado y me encuentro en medio de un prado florido en primavera con un sol radiante me digo, ¡qué gran estupidez! ¡Qué inútil pérdida de tiempo y salud! Si solamente pudiéramos observarnos un poco de lejos en algunas ocasiones, saldríamos corriendo sin más.
- Y nos dejarían sin trabajo a los abogados.
- Tal vez los médicos también se quedarían sin trabajo si solamente pudiéramos rechazar vivir como perros rabiosos que solo saben destruirse mutuamente.

13 abril, 2013

La moda del “Sé tu mismo”

Archivado en: Sin categoría — Carmen Sol @ 21:41

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Sospecho que la moda del “Sé tu mismo”, que empezó con el movimiento New Age en los 60, fue otra de las trampas inteligentes que se creó a sí misma la humanidad para continuar perdiendo el camino, y por tanto el tiempo, en contraposición a las obediencias ciegas a doctrinas y maestros, tantos de ellos falsos..

Como siempre el punto de equilibrio se encuentra en algún lugar que se desplaza de forma imprevisible sobre el filo de la navaja.

Ni es tan evidente ser uno mismo, porque a la propuesta “Sé tu mismo” aparece una primera pregunta, “¿Quién de ellos?”. Cuando decimos Yo soy, ¿a qué personaje creado por los miedos inculcados durante la infancia nos referimos?

La voracidad comercial utiliza este “déjate llevar por lo que “realmente” deseas”, y todo eso, apoyandose en el hecho de que después de tantos lavados de cerebro que hemos sufrido desde nuestra infancia, no sabemos realmente lo que deseamos, y por tanto, nos presentan una cosa convenientemente aderezada por colores y formas estudiadas psicológicamente hasta el milímetro para producir deseo, y la compramos. Luego ocurre un efecto multiplicador. Creemos que hemos ejercido nuestro criterio con libertad y volvemos a comprar algo similar, pero sin que nos demos cuenta porque la publicidad se encarga de hacerlo pasar por nuevo.es el efecto psicológico del poderoso “efecto novedad” (un estímulo nuevo aporta mayor información) que procura el marketing para vender más.

Pero algo hay en ese mensaje (la Verdad anda por ahí entre los pucheros, que diría Teresa de Ávila), por lo menos para no apegarse a una misma forma de doctrina o dogma de fe, sino tratar de sacar enseñanzas de la experiencia. Y es ahí donde entra en juego una de nuestras mejores armas: el espíritu crítico en formas como “¿Realmente necesito yo este cachivache? ¿Estaba pensando en algo así antes de que el vendedor de turno me embelesara con él, haciéndome creer que soy libre?”

En todo caso hay que ir con mucho cuidado y no confiarse alegremente en “todo” lo que salga de nuestra mente, supuestamente de “nosotros mismos”. Antes llevaban a la muerte generaciones enteras en nombre de un supuesto Dios; ¿querrán hacernos creer que la libertad de elección es algo tan fácil como elegir qué novedad del mercado comprar?

Alimentar el espíritu crítico con alerta y atención. Nada nos viene dado, todo hemos de conquistarloo.

Juan Trigo

10 abril, 2013

Una reflexión de “Sentido común”.

Archivado en: ARTÍCULOS — Carmen Sol @ 7:50
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sentido común

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Es un juego de palabras para reflejar que normalmente no tocamos de pies al suelo usando nuestro espíritu crítico natural y nos dejamos llevar por manipulaciones interesadas en fantasear la realidad. Indica que en lugar de aplicar la experiencia adquirida por experimentación directa, es decir comprobar las cosas por nosotros mismos, cosa que debería ser natural en nosotros, “común”, nos dejamos llevar por la “Inteligencia emocional” creada por vendedores de fantasías como la publicidad, la política, la religión, etc. Sentido común seria la aplicación directa a los actos de nuestra vida de lo que nuestro instinto ve y comprueba, y en lo que deberíamos estar de acuerdo todos porque la realidad es en esencia. Una para todos, aunque vista desde todos los ángulos distintos, y ahí estriba el enriquecimiento personal en aprender cosas, pero es la misma. El mundo es el que es y nuestra experiencia es personal, pero esa experiencia debería sintonizar con el mundo, y no con las fantasías intencionadas que tratan de modificarla en beneficio de quien las crea.

Juan Trigo

8 marzo, 2013

LA VIDA SOLO TE ENCOMIENDA PERSONAS Y COSAS PARA QUE LAS CUIDES, NUNCA TE CREAS SU PROPIETARIO. LA PROPIEDAD PRIVADA NO TIENE SENTIDO, YA QUE NI TU CUERPO POSEES.

Archivado en: CUENTOS — Carmen Sol @ 23:48

libertad

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El viejo Alexei Tarchenko siempre creyó que aquel niño era su hijo, a pesar de que por edad podía ser su bisabuelo. Y en realidad era su hijo biológico, pues siempre recordaría el momento en que se sintió un dios al hacer el amor a aquella mujer joven que la guerra trajo de improviso a su cabaña, en Los Cárpatos, seis años atrás.

Pero cuando aquel otro día, otra guerra trajo a esa misma cabaña un matrimonio joven que jamás podría tener hijos y se prendó de aquel chiquillo celestial, Alexei supo que debía dárselo cuando se marcharan, para que creciera con unos padres que podrían encargarse de que su vida se desarrollara como otro niño en cualquier aldea de cualquier territorio normal.

Y cuando los tres se hubieron marchado hacia una nueva vida, habría permanecido atado por el llanto sin descanso hasta que la muerte lo liberara, de no haber sido porque un dios compasivo se le apareció un día al alba, para recordarle lo esencial.

- Alexei.
- Eh, ¿Qué ha sido eso?
- Alexei.
- ¿Quién ha hablado, quién eres?.
- Mi nombre no importa.
- ¿Qué quieres de mí?
- Que por lo menos derrames tus lágrimas sobre las hortalizas de tu huerto, para que este llanto tenga alguna utilidad.
- No puedo quitarme del cuerpo la memoria del pequeño. Lo intento, pero no puedo. Era un niño extraordinario…
- ¡Pues ya basta! – gritó la voz – déjalo libre y concédete tu libertad. Déjalo marchar de tu corazón.
- Es lo mejor que me ha ocurrido en la vida.
- ¡Mientes! – bramó el viento. – Lo mejor de tu vida es ella misma.
- Pero…
- ¡Basta! – sentenció el color de la alborada que iría haciéndose más luminosa conforme avanzara el día. – Solo te encargué que lo cuidaras, nada más.
- Mi señor…
- ¡Levanta, solo las beatas se arrodillan ante el silencio! ¡Levanta, coge tus herramientas y ocúpate del huerto! Aún te queda mucho que cuidar. La guerra te traerá otros niños, otras mujeres a las que amar, otros desgraciados a los que cobijar y proteger. Y no vas a servir de nada si agotas tus lágrimas. Hay mucho por lo que llorar en esta tierra.
- ¿Quién eres?
- Yo soy tu.

6 marzo, 2013

ASTROLOGÍA DE LA ADOPCIÓN PATERNA, UN CURSO DICTADO POR JOSÉ ANTONIO GONZÁLEZ-CASANOVA

Archivado en: FORMACIÓN — Carmen Sol @ 9:21

cursoastrologia

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 Jose Antonio González-Casanova fue catedrático de Derecho Constitucional, Padre de la Constitución Española y Consejero del Consell  Executiu de la Generalitat. Ha escrito 45 libros, 4 de ellos sobre astrología y es miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Astrología. Actualmente está a punto de publicar un volumen sobre el tema que versará el presente curso, una mirada astrológica a la adopción paterna.

4 marzo, 2013

MERDE ! LA VIEILLE GARDE MEURT MAIS ELLE NE SE REND JAMAIS. (¡Mierda! La Vieja Guardia muere, pero no se rinde nunca)

Archivado en: CUENTOS — Carmen Sol @ 20:55

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- Pero querido Dimitri Ivanovich, amigo mío; usted no estuvo en Waterloo. No se movió de Moscú después de la retirada de Napoleón. Hubo tantos cadáveres que enterrar… ¿Cómo puede haber escuchado de labios del propio Ethienne Cambronne, a caballo, la célebre frase antes de ser derribado de una bala en la cabeza. En realidad…
- La realidad, señora mía, para los poetas solo es un pequeño estorbo.
- Quería decir que según los ingleses Cambronne fue capturado antes de pronunciar su frase. No sé de dónde ha salido que…
- ¿Los ingleses? ¿A qué poetas se refiere usted, Byron, Shelley, Shakespeare?
- Quise citar al corresponsal de guerra John White en su artículo en The Times, que desde luego no era ningún poeta, pero eso a usted no le importa, ¿Verdad amigo mío?
- Mi querida señora; para una mujer de tan excelsa como inquietante belleza, no me imagino como un hombre normal y corriente en sus cabales puede desear seguir siendo solo “un querido amigo” y no pase todas sus noche en vela deseando ser su amante.
- Dimitri Ivanovich, ya sabe que le quiero mucho más que a nadie en el mundo desde hace años, pero eso no incluye…
- Fíjese, Helena Petrovna: Allá abajo.
- Alguien que no le quisiera tanto como yo se iba a ofender por ser interrumpida constantemente. En fin, ¿en qué me he de fijar, y donde?
- Al fondo del valle, por la carretera de Novosibrisk, es el IV Regimiento de Coraceros de Hannover que se dirigen a la muerte contra la balaustrada de los cañones de Murat.
- Oh, ese regimiento fue disuelto por el propio Mariscar Bücher…
- La polvareda levantada por su galope tendido esparce irisaciones que el sol reflejado en sus corazas dibuja fielmente el retablo de San Juan Bautista, atribuido a Maese Feuerbach de Amberes. Ahí están los bajo relieves de la Anunciación. ¿Los ve?
- Es usted delicioso, Dimitri Ivanovich, sencillamente encantador, pero no hay nadie en esa carretera, está vacía a estas horas de medio día en que los campesinos aún no han empezado a volver de sus tareas.
- Oh, bueno, eso es un detalle sin importancia. Entonces esa polvareda ha debido levantarla algún viento repentino, pero igualmente el verde de los prados se ha tapizado con ese asalto multicolor de todas las luces del día. ¿No me diga que tampoco ve eso, mi querida Helena Petrovna?
- Pues claro, ¿Cómo no iba a ver yo un poco de viento levantando polvo en la carretera?
- Hummm, “un poco de viento levantando polvo”.
- Bueno, sí, eso es lo que es, ¿no?
- ¿Es eso lo que usted quiere que sea?
- Ah, no; no empiece con acertijos. Yo veo lo que es. Y ya está.
- Y ya está. De acuerdo; sea: un poco de polvo en la carretera.
- ¿Ya está? ¿Así de categórico? ¿Ya se rinde…? Oh, claro, claro. Vaya, he caído en su trampa, vale, vale, de acuerdo: “La vieja guardia no se rinde nunca”… ¿Sabe Dimitri Ivanovich que tiene usted una sonrisa de niño travieso que me encandila?
- No, no lo sabía, pero sus cumplidos me encadenan aún más a Usted, por fortuna ¿Sabe, Helena Petrovna? Yo prefiero ver los destellos iridiscentes que me recuerdan al maravilloso retablo de Maese Feuerbach en lugar de que continúe en mi retina el grueso manto de sangre de soldados inocentes que cubrió por completo esa carretera apenas el año pasado, y que el tiempo ha tardado tanto tiempo en difuminar.
- Pero querido, eso es la realidad, eso es la vida, así es el mundo.
- Discúlpeme.
- ¿Adónde va?
- Vuelvo enseguida.
- Pero… ¿Por qué se aleja?
- ¡Merde!… Ya está, ya estoy de vuelta. ¿Decía usted?

21 enero, 2013

CUANDO PERCIVAL REGRESÓ, LOS CABALLEROS DEL GRIAL HABÍAN ENVEJECIDO MUCHO Y SE PREPARABAN PARA MORIR

Archivado en: CUENTOS CORTOS — Carmen Sol @ 14:47

Paddington

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Henry Dunloghan se apeó en la parada de Paddington. Después de tantos años le había costado mucho orientarse en la complicada red del Metro de Londres, el más antiguo del mundo. La salida a la confluencia de Windsland con London St. fue el último acto de la salida del túnel de otro tiempo y otro lugar. Había experimentado muchas veces lo largo de su vida aparecer en un lugar conocido pero encontrarse como aterrizando en otro planeta, pero aquel día le pareció un epitafio.

Sabía que la mayoría de sus compañeros de trinchera debían estar en el billar de O’Hanrahan, y hacia aquel antro dirigió sus pasos. Y pensó que les costaría reconocerle, no había envejecido como ellos, pero la guerra había hecho desaparecer las heridas de su rostro y ensanchar su sonrisa, al contrario de los antiguos caballeros que por no haber conseguido sus objetivos dejaban que la tristeza languidecerá su vida. En aquella época lejana, cuando los conoció, decían de él que era un inconsciente, un soñador en permanente alejamiento de la realidad, y que por eso no conseguiría coronar con éxito sus hazañas. Tal vez por eso las hazañas fluyeron a su alrededor sin expectativas de éxito, y por ello sin tocarle, sino como fantasmas que, como la misma guerra, lo fueron. Y por tanto ninguno de sus éxitos ausentes logró que la tristeza se pegara su rostro.

De la salida a la luz al descenso a las cavernas. Un pequeño portal daba enseguida a unas escaleras por las que se bajaba casi a oscuras al local de O’Hanrahan, y abajo, un pequeño recibidor a modo de escueta antesala al inframundo de los justos.

No estaban todos, los reporteros de guerra, Ilya Ehrenbug y Kapuzinsky ya no salían de sus casas porque las guerras de la actualidad habían multiplicado su estupidez. Nadie sabía el paradero de otro de los escritores de la revolución, Ernest Hemingway; de quien dicen que también se suicidó por amor, como Henry de Montherland o Chaikowsky. En cuanto a los poetas de la tragedia, Albert Camus, Miguel Hernández y Eugene O’Neill, no habían acudido aquel día a aquel último de los cuarteles de invierno. Henry distinguió enseguida la sonora y siempre sarcástica carcajada de Henry Miller al impenitente depresivo de Lawrence Durrell, siempre en busca de sus personajes perdidos, apoyado en el hombro del adusto James Joyce, en busca del final de su día imposible. Seguramente habría soltado uno de sus más preciados chistes de contenido sexual que tanto gustaban a Miller. Paul Auster miraba fija y atentamente desde un claustro monacal imaginario sin pronunciar palabra a un también mudo Orhan Pamuk tal vez tratando de escudriñar los pensamientos del silencio del turco, inmutable a la imparable locuacidad de Italo Calvino describiendo sus ciudades ideales. García Marquez, vuelto hacia la ventana para ver mejor sus infinitas selvas repletas de héroes anónimos condecorados como coroneles. Tahar Ben Jelloun contando los granitos de arena sobre la mesa en forma de niños. Etc.

Henry los interrumpió ejecutando al completo el saludo ritual: “Merde! La Vieille Garde ne se rend jamais!” (Mierda, la Vieja Guardia nunca se rinde).

A lo que Lope Felix de Vega y Castro, sacándose el sombrero en vuelo corto respondió, “Porque esto es un Tercios español, señor mío. Y no me venga, usted, caballero De la Barca, con que la guerra también es un sueño, porque se ha vertido demasiada sangre fácil”. Pero el primero que se dirigió directamente al recién llegado fue Victor Hugo, “Caramba, ¿ya no lleváis el atuendo de la Cruz Templaria?, os creíamos muerto al pie de la muralla de Acre. ¿Qué fue de tantos caballeros valerosos que entregaron su vida en las barricadas?”

- Murieron sin haber comprendido que solo eran moneda de cambio en un negocio que jamás fue el suyo. – respondió Henry Dunloghan, después de reponerse al repentino estampido en sus oídos de los alaridos de asalto, tan lejanos como repentinamente próximos, afortunadamente por breves instantes.
- Como todos. – sentenció, siempre solemne, Jean Paul Sartre cerrando la cuestión con su eterno: – Pero, sigamos.
- ¿Qué paso con vuestras heridas de nacimiento? – preguntó el perspicaz San Camilo.
- No las tuve de nacimiento – respondió Henry – fueron creándose después. Ah, y, eso: Se borraron durante el asalto.
- ¿A Acre?
- En cada uno de los asaltos; su estupidez las fue curando.
- ¿Cómo lo conseguisteis? – preguntó Poe emergiendo se sus tinieblas.
- Yo no hice nada. Fueron las propias heridas las que sanaron con una carcajada de comprensión.

Entonces Jean Markale propuso que se sentaran todos en círculo en el suelo, delante de sus copas, que las llenaran de nuevo y brindaran a la manera de los arcaicos celtas precristianos, por la comunión con los que ya abandonaron sus cuerpos mortales, para que se reunieran con ellos en ritual ágape, una vez más. Y una vez más rindieron culto al Ser se encuentra al otro lado del Sol, por un pronto regreso al hogar, a la Casa del Padre, en algún lugar de los confines de la Galaxia.

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