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Mi primer Maestro, que desconfiaba del silencio de los monasterios como de cualquier religión organizada, me hacía meditar a las doce del mediodía, con las ventanas abiertas, en el piso donde vivia del centro de Barcelona, para que empezara a darme cuenta de que lo dificil no es acallar el mundanal ruido, sino la jauría interior.
Más tarde otro Maestro me enseñó a “viajar” a mi “isla” siempre que quisiera, con solo un acto de voluntad.
Juan Trigo, en un comentario


Como viajas a la isla?
Por un acto de voluntad. La isla está en mi interior, la he creado yo a imagen y semejanza del Paraíso, porque éste jamás se perdió. Yo estuve allí.