LOS HOROSCOPOS DE PERIODICOS Y REVISTAS


Horoscopos

Vayan por delante mis respetos para quienes realizan horóscopos de periódicos y revistas, algunos los conozco y su intención no es puramente mercantil sino divulgativa y sobre todo para cubrir una necesidad de mucha gente que lee los horóscopos como una herramienta para aclarar ideas y tratar de despejar confusiones o simplemente para divertirse, que también es una necesidad. Siempre he dicho que los horóscopos de periódico o revista no son un fraude o un engaño, simplemente son visiones muy generalistas y que solo pueden aplicarse a la persona que las lee de una forma indicativa para un clima global, pero nuca de forma rigurosa y por tanto este lector hará bien en no tomar decisiones importantes a la luz de esas previsiones, porque afectan a un conjunto muy amplio de la población.

Dicho esto me gustaría referirme a la conferencia que dio mi colega y amigo, el astrólogo italiano Claudio Cannistra, en uno de los congresos de la Sociedad Española de Astrología, que presido, acerca del origen de los horóscopos, a mi juicio no tan merecedora de elogio como la actividad descrita en el párrafo anterior. A principios del siglo pasado aparece la astrología en la vida pública europea y americana, surgiendo de las tinieblas en las que la había recluido la Inquisición, de la mano de dos astrólogos, por un lado Wilhelm Perl, riguroso, austero, dotado de un profundo conocimiento, conocedor de que abrirse camino por el saber astrológico es ciertamente complejo, difícil y requiere dedicación, y por otro Alan Leo seudónimo (sacado de su signo solar) de William Frederick Allan, quien se desanimó pronto en sus estudios ante la complejidad de gran parte de la astrología y lo inaccesible que era para el estudiante medio. Debido a esto, se propuso simplificar drásticamente la astrología, a fin de facilitar su difusión, aprendizaje y práctica. Un ejemplo de esta simplificación fue su enseñanza de que el significado de ciertos signos, las casas y los planetas son esencialmente similares e intercambiables, casi al punto de ser la misma cosa o que tengan el mismo significado, lo cual como es obvio constituye una inútil y burda simplificación.

Pero lo que nos ocupa aquí es que Alan Leo descubrió un modo de ganar dinero rápido y fácil con otra de sus simplificaciones: los horóscopos diarios o periódicos. Apoyándose en sus contactos con la masonería, la Sociedad Teosófica y otras sociedades secretas que proliferaron en aquella época, empezó a publicar esos horóscopos. Básicamente estas predicciones se basan en las posiciones diarias de la luna en relación con los demás planetas. Como se puede ver, como estas previsiones no se pueden referir a parte alguna de una Carta Natal porque cada Carta se define por una hora de nacimiento exacta en horas y minutos por lo menos, es por ello que solo son predicciones aplicables a una población de personas residentes en una ciudad concreta.

En fin, Alan Leo y su esposa disfrutaron de una vida desahogada económicamente por la novedad de la divulgación de la astrología y por el uso que sus simplificaciones lograron abarcar una gran clientela. Hicieron varios viajes a la India, en uno de ellos Alan Leo trato de incorporar algunos elementos de astrología hindú a la occidental, como el uso de los decanatos, que usamos con bastante frecuencia, pero había simplificado tanto el saber astrológico para facilitar su actividad mercantil que perdió profundidad y precisión. Como cualquier moneda tiene dos caras (salvo las de los tramposos que tienen la misma cara por ambas partes) el mérito de Alan Leo fue dar a conocer, como decíamos al principio, la astrología, rescatándola del ostracismo al que la Inquisición Vaticana la había relegado desde el siglo XVII, y divulgarla, permitiendo a la gente descubrir esta poderosa herramienta de autoconocimiento, a condición de que ese autodescubrimiento sea utilizando la astrología de forma rigurosa y completa.

Juan Trigo

 

LA CARTA NATAL, NUESTRA BRÚJULA PERMANENTE


Carta Natal

La Carta Natal es la representación del cielo en cualquier momento y refleja la información de todos los instantes de nuestra vida, por lo tanto es un mapa dinámico donde van apareciendo caminos y paisajes que un minuto antes no estaban, pero que estaba previsto que estuvieran. Y también indicaciones de los paisajes que serán en un futuro, sombras y perfiles translúcidos que te indican qué otros caminos, insospechados hoy, podrás tomar tal día en uno o dos años, o más. Es un libro de consulta que tiene vida propia, un maestro de magos al que consultar siempre que tengamos dudas del porqué ocurrió tal o cual cosa o cómo se va a desarrollar lo que ahora nos ocupa. Un manual interactivo permanente con el que vamos descubriendo cada día un poco más quienes somos y porque estamos aquí, pues este complejo mándala de figuras asimétricas es nuestra conexión con el universo. Una carrera universitaria que dura toda la vida.

Cada aspecto planetario, incluso aquellos que hemos estudiado con mayor atención, pueden ir enriqueciendo su propia interpretación cada vez que los analizamos, como si los viéramos por primera vez, porque es como la sabiduría de la propia vida; jamás termina de enseñarnos ni de sorprendernos. Cada día, cada instante puede ser nuevo y estimulante, y podemos descubrir en lo cotidiano, en aquellas cosas incluso rutinarias de todos los días, nuevas revelaciones acerca de nosotros mismos que nos sorprenden. Por ello, como la Carta Natal es la representación de nuestra propia vida, no deja de aportar nuevas indicaciones y consejos sobre aspectos que ya creíamos conocidos y superados, pues que algo sea conocido no quiere decir que esté terminado, muerto, sino que se mueve y evoluciona, con el propio universo cambiante e impredecible. Nada está superado ni conocido, sino que evoluciona, como el universo. Cuando nos decimos que tal lo cual cosa o situación ya está superada o conocida, que ya lo sabemos todo de ella, en realidad lo que hacemos es cristalizarla, petrificarla, darla por muerta. El mundo fluye constantemente, y lo que encapsulamos, lo que clasificamos definitivamente lo matamos, lo convertimos en residuo inanimado, porque no hay nada definitivo en el evolucionar del universo. Así son nuestras vidas y así las vamos entendiendo dinámicamente por medio de nuestra Carta Natal.

LA CARTA NATAL ES UN TODO COMPLETO


La Carta natal es un todo

Asociando la astrología a los principios universales de filosofía hermética no hay ningún punto de la Carta Natal que esté desconectado ni carente de significado, pues todo está en todo y relacionado con todo. Habrán oído hablar de las casas vacías, planetas sin aspectos, signos y casas interceptadas, etc., y un sinfín de teorías que los acompañan. Bien, pues por la teoría de regencias y dispositores todo se relaciona, todo está conectado. Una casa sin planetas tiene un planeta regente del signo de su cúspide, que está en otra casa y recibe y hace aspectos con otros planetas, un signo interceptado tiene un regente, en fin una casa interceptada tiene su cúspide en un signo que tiene un regente que recibe y hace aspectos. Etc. Vean el esquema de abajo.

 

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Por ese mismo motivo de relación con el todo no tiene sentido hablar de un aspecto aislado del resto del conjunto de la carta. Es aquello tan típico que a veces oímos (tal vez con demasiada frecuencia) “mi Saturno en trino a Venus…”. Hay miles de personas que tienen ese aspecto, pero la Carta de uno es exclusiva y por ello hay que ver donde esta cada uno de esos planetas que aspectos recibe y hace y de que casa es regente, y… etc.

Y por si fuera poco cada Casa puede subdividirse en partes (decanatos Quads, etc.) que tiene cada una un planeta regente distinto, y aún más, cada grado de la carta tiene un significado distinto, según las visiones del alquimista francés del Siglo XVII, Robert Fludd.

Es por todo ello que para interpretar una Carta Natal, adentrándose en la compleja selva de sus múltiples significados, hay que contemplarla durante un rato con calma, observando uno y otro punto y sus relaciones, dejándose impregnar por la gran sabiduría que encierran, y proceder como hace la respiración universal del análisis-síntesis, una y otra vez hasta que vayamos perfilando en nuestra percepción como encarna la persona que nos encargó la interpretación con ese gráfico complejo. Hay significados que aparecen enseguida, son por ejemplo aspectos mayores entre planetas dominantes, pero hay otros, tal vez los aspectos de Kepler, los quintilos y biquintilos que tardan más porque nos hablan de esencias humanas internas de la persona, pero no por ello sean menos explicativos.

Juan Trigo

LAS PROGRESIONES SECUNDARIAS


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La práctica de calcular siempre las Progresiones Secundarias cuando recibimos el encargo de interpretar una carta natal (y son muy fáciles de calcular, y casi todos los programas las calculan) tiene la ventaja de ver en qué momento está nuestro consultante y porqué ha acudido a nuestra consulta. Obviamente las progresiones de los ejes nos permiten apreciar inmediatamente si la hora de nacimiento necesita corrección (que es lo que casi siempre ocurre) y entonces podemos mover los ejes hacia atrás para preguntarle al consultante, en nuestro estudio previo del ajuste de la hora, si cuando tenía tal edad, más menos uno o dos años, ocurrió aquel acontecimiento que lo llevara lejos de su lugar de nacimiento o si cuando contaba con tantos años tuvo aquella operación de vesícula, etc.

Estos estudios previos de la hora de nacimiento nos permiten ir conociendo mejor a nuestro consultante y evitar que un exceso de confianza en la intuición nos juegue malas pasadas. Pues la intuición, facultad básica en la práctica de la interpretación astrológica, ha de irse nutriendo de la verificación con hechos comprobados de la vida de nuestro consultante. Un camino del medio similar al que describía Emmanuel Kant en su puente entre la Critica de la Razón Pura y de la Aplicada. Ni racionalismo ni empirismo puros. Siempre hay una tercera vía que los reúne a los dos con muchísima más eficacia que utilizándolas por separado. No confiarlo todo en la intuición ni aplicar la teoría pura a la hora de interpretar, por más que hayamos desterrado la memorización de símbolos y aspectos y hayamos incorporado a nuestros sentidos los significados profundos de los elementos astrológicos.

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LA REVOLUCIÓN SOLAR SOLO ES UNA PARTE


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La Revolución Solar solo es una parte del conjunto de técnicas de predicción que usamos para orientarnos en lo que debemos prestar atención a partir de nuestro próximo cumpleaños. Y no tiene mucha validez si antes no hemos calculado progresiones, tránsitos, lunaciones, etc.

De un tiempo a esta parte recibo llamadas de personas que me consultan SOLO para que les interprete la revolución Solar cuando están cerca de su cumpleaños, y me cuesta trabajo explicarles que primero tengo que estudiar su carta (suponiendo que la hora de nacimiento haya sido ajustada a la realidad del momento del nacimiento) para comprender la estructura global y los movimientos de energías, luego calcular las Progresiones Secundarias que nos indican en que período de los ciclos vitales nos encontramos, luego ver si hay tránsitos significativos y hacia que parte de le persona y su relación con el mundo se dirigen. En fin las lunaciones nos indicarán que puntos sensibles de la Carta Natal pueden activase en este año. Y finalmente, solo finalmente, levantar la Revolución Solar para ver en qué se enfoca la conciencia central de la persona este año.

La cultura de los obsesionados por ensalzar y hasta deificar las partes en lugar de contemplar y percibir el todo no es de ahora, propia de la sociedad enferma de este final de milenio que clamara Eric Fromm, sino que viene ya de muy antiguo, tanto como antiguo es el cuento o parábola del elefante en la oscuridad. Y en la práctica de la consulta astrológica o mejor aún en el ejercicio de la docencia sobre esta materia siempre me he preguntado si este fenómeno de la parcialidad es debido a pereza, impaciencia, vanidad, obsesión por reclamar la atención?

https://elparaisoestaenelfondodetucorazon.wordpress.com/2011/07/26/el-elefante-en-la-oscuridad/

Podríamos pensar que las personas que piden que se les interprete solo la Revolución Solar lo deben hacer para ahorrarse algo de dinero, pero tampoco tiene demasiado sentido porque la diferencia entre eso y una interpretación completa es abismal, entre otras razones porque interpretar una revolución Solar como una carta aislada no corresponde a nada, porque no tiene nada que ver con un digno ejercicio oracular como podría ser una carta horaria, una tirada de tarot, runas, I-Ching, etc.

Finalmente, como en el cuento del Elefante, todo es una pura cuestión de respeto hacia uno mismo. Se valoran en tan poco estas personas que se conforman con recibir una información sesgada e incluso falsa para orientar sus vidas.

Juan Trigo

 

Los Planetas Retrógrados


 

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Apuntándome al carro de los preocupados por la retrogradación de mercurio, me permito hacer un comentario en sentido contrario, es decir de la no pre-ocupación. Voy a tratar de explicarme.

Primero, la retrogradación es un movimiento aparente producido por la distorsión de ver las cosas celestes desde una perspectiva geo-céntrica, es decir tomando como base errónea de ser la Tierra el centro del universo, ya que cada planeta sigue imperturbable su trayectoria. Lo cual (a pesar de que hasta el Siglo XVI con Galileo y Copérnico se tomaba como cierto) no deja de tener su sentido ya que nos interesa observar cómo nos influencian las energías planetarias aquí en la Tierra, pero no hemos de perder la oportunidad de reflexionar en términos globales y constatar que este fenómeno no es más que una distorsión óptica de la realidad.

Con eso no quiero decir otra cosa que interpretemos la retrogradación de los planetas en su justa medida, es decir como un efecto óptico y que cesen nuestras angustias, por lo menos las de mis amigos que me llaman para preguntarme qué va a pasar ahora que Mercurio retrograda.

No va a pasar nada más que un efecto óptico, una sensación apreciativa de la realidad, nada más. Veamos uno por uno. Dejando aparte el Sol y la Luna que no “retrogradan” porque los vemos siempre en su movimiento real. Lo que sigue a continuación por supuesto se aplica muy bien en progresiones secundarias.

Mercurio retrógrado se hace más lento, retrasa un poco su acción, y por tanto puede tener sus ventajas en aquellas cartas en las que este planeta se precipita en sus juicios, análisis y transmisión de datos, es decir se vuelve un poco más reflexivo, piensa un poco más antes de hablar, por poner algún ejemplo.

Venus retrogrado puede tener la ventaja de permitirse saborear más aquellas sensaciones que por aspectos tensos en la carta no podía.

Marte retrógrado se precipita menos o más tarde y puede permitir que otros planetas le hagan meditar antes de lanzarse contra el muro y romperse la cabeza.

En Júpiter retrógrado tenemos el claro ejemplo de aquella persona que teniendo un júpiter prominente y mal aspectado que tiende a la fanfarronería y exceso de orgullo (conocido mecanismo de defensa), cuando por progresiones o tránsitos retrograda goza del privilegio de hacerse un poco más humilde y prudente.

Saturno retrogrado se hace más profundo, más precavido, no suelta el control y evita que nos lancemos volando por el precipicio porque a lo mejor un aspecto de Neptuno nos hizo creer que éramos Ícaro (el que salto queriendo volar hasta el Sol con alas hechas de cera).

En los transaturninos la retrogradación es un efecto generacional y por tanto aún tiene menos relevancia. Así, Urano no tiene tiempo ni para la retrogradación. Quiero decir que no se nota. En Neptuno tampoco se nota nada, como en cualquier cosa relacionada con este planeta aparte de la nebulosa dispersora oceánica. En Plutón, los miedos obsesos están tan profundos que igualmente necesitamos un buen barreno para perforar los escudos protectores para penetrar al descubrimiento de sus tesoros.

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Psicoterapia con la ayuda de la Astrología


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Utilizamos la astrología, como conexión con el universo, para reencontrar nuestro equilibrio esencial y detectar las pautas de conducta y condicionamientos socio-culturales que nos fueron impuestos en la mente desde el momento de nacer como cuerpos extraños a nuestra verdadera naturaleza y neutralizarlos.

La terapia consiste en una primera sesión de exploración en la que, por el método del Dr. Vicente Lupo, se exploran aquellas explicaciones que el niño/niña tuvo que darse, en forma de contenidos traumáticos, para sobrevivir en el mundo contradictorio y hostil de la comunidad humana, y analizar también cuál fue la autoimagen, la máscara, que tuvo que crear para que los demás le aceptaran. En esta primera sesión ya se plantea cual es la línea de terapia a seguir y su frecuencia.

Para más información diríjanse por correo electrónico a la dirección juan@tmp.es o por teléfono al 937710361

Tel 937710361

Fax 937710512

Móvil 639729720

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08788 Vilanova del Cami

(Barcelona- España)

AUNQUE LA CIVILIZACIÓN NOS DESTRUYA, EL SECRETO SE GUARDA A SÍ MISMO


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Corrían demasiado de prisa los años próximos a la Gran Guerra de 1914, y al antropólogo Ulises Seaworth, de la National Society de Londres, se le acababa el tiempo para encontrar con vida a los últimos descendientes de la tribu Shurweeh (por lo menos ese es el nombre dado por los primeros exploradores que establecieron contacto en el Siglo XVIII) más allá de las nieves perpetuas de las Montañas Rocosas canadienses. Las leyendas de los extraños contactos con mundos alterativos habían sido enterradas, para “protección de las buenas gentes” – se reservaron añadir – en cementerios como la Biblioteca del Museo Británico o la de la misma National Society. Pero ya se sabe que la vida, como el agua, acaba haciéndose un camino para seguir su curso, y de tanto en tanto esas leyendas aparecían en las tertulias científicas que jóvenes antropólogos abrían entre los muros de los viejos académicos anquilosados en sus propios miedos a descubrir otras verdades. Cinco años atrás, recién doctorado, el inquieto Ulises Seaworth había empezado a clavar cuñas en aquellos miedos para hacerse escuchar y recabar cuanta información pudiera tener algún viejo no del todo derrotado y que siguiera albergando en su corazón de niño su original curiosidad.

Pertrechado a la usanza de los alpinistas pioneros en la escalada del Mont Blanc, con una gran mochila y un sombrero de ala corta, Ulises Seaworth escogió una soleada mañana de Julio de 1912 para escalar en solitario el impresionante macizo montañoso, después de semanas de preparación en la aldea minera de Mount Destiny, donde estableció su rudimentario campamento base. Los colonos, preocupados únicamente por su propia supervivencia en aquellas gélidas alturas, lo tomaron por un loco más en busca de morir famoso y no le concedieron mayor atención. Nadie se preocupó en memorizar su presencia, pero Ulises sabía que el éxito que a todas luces se ponía de manifiesto en aquellas explotaciones mineras era la punta de lanza de la civilización para tomar por asalto la paz ancestral de aquellos territorios indios.

Tardó una semana en coronar la cima y ya en el momento de hacerlo se dio cuenta que había entrado en otro mundo y por la puerta de una dimensión desconocida. Había escalado el Mont Blanc y otros picos mucho más altos que aquel, pero el paisaje que se abría ante su mirada era otra cosa; tenía algo de irreal. Hubiera permanecido varias horas contemplando aquel mundo desde la cima si una súbita ventisca no le hubiera despertado de sus ensoñaciones. Ocurre a menudo en las cimas del mundo; no te dejan disfrutar del paisaje, o a lo mejor es que quieren seguir guardando su secreto.

No tenía más que rudimentarias pistas sobre la ubicación de los Shurweeh, pero inició su descenso por la escarpada pendiente hacia el extenso valle cubierto por un tupido bosque de abetos. La levedad del aire de esas alturas parecía llenarse con aromas que a Ulises no le parecieron únicamente vegetales, sino que respiraba algo más que no sabía definir, como si las enormes rocas blancas y desnudas, clavadas en forma de menhires aquí y allá despidieran su propio aroma mineral, un fuerte perfume que le recordaba el olor a cirios pascuales permanentemente encendidos en la iglesia católica de su pueblo natal, único recuerdo agradable, por cierto, que conservaba de las tediosas sesiones de catequesis. Había olido en las faldas del Annapurna casi todos los inciensos de la India o en el Kara Korum los diversos olores dulzones a madera de Arabia, pero se le antojaba que aquel perfume debía proceder de la propia respiración de la tierra, a pesar de que llevaba casi dos meses sin llover.

La hojarasca y matojos que tapizaban el reino de los abetos parecían tentarle a tomar diversos senderos, pero después de dar algunas vueltas se le ocurrió pensar que las intrincadas formas de las cortezas de los árboles parecían estar dándole la dirección correcta. De tanto en tanto, los troncos presentabas unas marcas como trazos de tiza que vistas de cerca no hacían pensar en la mano del ser humano sino que un jirón de la corteza, por el motivo que fuera, era de un color mucho más claro que el resto, y la mayoría se mostraban orientadas hacia una misma dirección, o por lo menos a Ulises se lo pareció, que para él era lo importante para seguir adelante. Iba sin más armas que su navaja del ejército suizo como recuerdo de la escalada al Matterhorm, porque su ánimo iba dirigido a la exploración de otro mundo; antesala de otras realidades, como contaban las leyendas, donde las armas modernas están fuera de lugar, por lo menos para el buscador de la Verdad.

Solamente alguien con una sensibilidad extrema unida a una imperiosa necesidad de conocer, se pone a explorar territorios fuera de este mundo o se permite la curiosidad hacia lo trascendente; alguien cuya intuición vuela varias veces al día fuera de lo cotidiano. Ulises sintió muy pronto presencias que, invisibles, pero no intangibles, evolucionaban su alrededor. No sintió miedo, sino respeto. Habiendo llegado tan lejos el miedo se convierte en otra cosa que ya no bloquea los sentidos sino que los hace más agudos y atentos. Siguió unos pasos más pero se detuvo, miró un imponente abeto cuyo tronco no podrían rodear 12 hombres con sus manos entrelazadas y se sentó a su pie reposando la espalda contra el tronco. Tan intensa le llegó enseguida la energía del árbol con solo tocarlo que se estremeció solo de pensar lo que podría sentir al abrazarlo.

Al cabo de unos minutos distinguió perfectamente una sombra a unos veinte metros sendero adelante. Probablemente hacía rato que lo observaba, pero tardó en distinguirla de la multitud de claroscuros y rayos del día danzar en la espesura. Hizo ademán de incorporarse. Solo distinguía un perfil gris claro pero sin rasgos ni rostro. Al ir a levantarse vio claramente como la sombra le ofrecía una lenta reverencia, se lo quedaba mirando, o lo que fuera, y se giró para andar, o lo que fuera, hacia el interior. Ulises comprendió: debía seguirla. No lo dudó un instante; para eso había llegado hasta allí. Al levantarse hizo también una completa reverencia, dando a entender que había comprendido la naturaleza amistosa del encuentro. Y echó a andar despacio dispuesto a llegar adonde fuera.

Anduvo bastante rato por aquel paraje decorado con las largas ramas bajas de los abetos a modo de marquesina o techado de pajas que filtraba suavemente la potente luz de mediodía sembrando el suelo de hojarasca por redes de luz cambiante. Y el frotar de sus botas fue haciéndose más rítmico e iniciar una cierta melodía que se acompañaba con el rumor de las ramas y el fluir de la brisa entre el follaje. Ulises percibió que en algun momento de aquel caminar, que iba tomando el are de una danza ritual, atravesó un umbral a otra dimensión. Supo que no iban a esperarle guerreros de la tribu para detenerle ni habrían armas que bloquearan su avance, sino que lo estaban esperando, quienquiera que fuese.

Por fin llegó a un claro en el bosque donde se levantaban las cabañas indias y alrededor de las cuales los nativos iban y venían con paso habitual hacia sus quehaceres, la mayor parte mujeres y niños, pero también guerreros a caballo que llegaban o se iban. No detuvo sus pasos aunque los aminoró como señal de que reconocía haber entrado en la comunidad. Nadie lo miró con extrañeza ni modificó su semblante por más que el recién llegado les ofreciera su sonrisa y un saludo tímido con la mano. Sus pasos le llevaron directamente a una gran cabaña en el centro. Cuando algo ha de suceder no hay nada en este mundo ni en el otro que ose impedirlo. Se detuvo ante la puerta cuya cobertura en piel de bisonte halló entreabierta. Avanzó el paso que le separaba de ella y asomó la cabeza adentro. Una mujer india de unos 30 años estaba en el centro ante la fogata esparciendo con las puntas de los dedos muy sutilmente unos polvillos sobre las llamas que los transformaban en diminutos penachos de colores. Entonaba un murmullo con los labios cerrados. No levantó la vista para mirarlo. No había nadie más en la tienda, iluminada por el sol de la tarde filtrarse por las paredes de piel y caer en finísimos rayos por la abertura superior, por la que el humo abandonaba la estancia. Él se sentó frente a la mujer y el fuego dispuesto a esperar. Al cabo de unos instantes entró directamente en lo profundo del ritual:

-¿Qué ves? – oyó murmurar a la mujer en voz baja, pero en un diáfano y aceptable inglés, aunque con un acento que Ulises no había escuchado antes, probablemente porque era la primera vez que encontraba a un nativo de los Shurweeh.

-Colores… – balbuceó Ulises.

-Sí. ¿Y qué más? – La mujer seguía esparciendo aquella materia pulverulenta sobre las llamas muy despacio y en pequeñas cantidades.

-Formas…

-¿Qué formas?

-Parece la forma de alguien entre la nubecita…

En esto, Ulises vio claramente como la mujer, cuando se le terminó el polvillo de las puntas de los dedos se inclinó hacia un lado y recogió un poco de tierra y la frotó entre las manos para desmenuzarla y obtener más de ese polvillo. Ulises miró en derredor, no le pareció que el suelo de aquella cabaña fuera distinto del resto del poblado, y del mismo bosque, es decir que contuviera alguna substancia que reaccionara con el fuego. La mujer volvió a espolvorear sobre las llamitas y siguieron apareciendo los pequeños penachos coloreados de ocre, verde, anaranjado. Con la otra mano agarró unas ramitas, también del suelo con las que alimentó el fuego.

-¿Qué formas? – repitió la mujer despacio.

En esto Ulises vio claramente como dentro del penacho de humo se dibujaba el contorno de una figura humana. Parecía un jorobado con sobrero de ala corta.

-Parece que… – balbuceó Ulises.

-¿Sí?

-¿Soy yo?

-Es una pregunta para ti. Yo no puedo contestar a eso, porque no lo veo desde donde tú estás.

La voz de la mujer sonó grave y firme. Efectivamente, era el perfil de un hombre tocado con un sombrero de ala corta y con un fardo a la espalda, su mochila. Pero estaba de pie, no en la posición sentado con las piernas cruzadas como Ulises en aquel momento.

-¿Qué significa? – preguntó Ulises con voz temblorosa porque ni por asomo se le ocurrió pensar que aquello era un vulgar truco de magia, porque ni la circunstancia ni la ocasión invitaban a suponerlo.

-No preguntes tanto. Responde. – el tono de la mujer se volvió más firme y apremiante.

-Soy yo andando… pero, ¿por qué…?

-Sigue; solo tú puedes responder sobre tu vida. El fuego y la tierra solo son vehículos. En otra ocasión lo serán el agua y el viento.

-¿Espejos?

-No conozco esa palabra.

-No usáis espejos, ¿verdad?

-No perdamos tiempo en lo que no conocemos. El tiempo se agota. No sirven las preguntas, porque solo tú tienes las respuestas.

-De acuerdo, pues, yo vine aquí para…

-Eso es irrelevante. – interrumpió la mujer de nuevo.- ¿Qué ves? – Repitió con voz cada vez más apremiante.

-Me veo a mi mismo… – respondió Ulises después de un ligero carraspeo.- andando… buscando…

-¿Qué buscas?

-A vosotros.

-¿Quiénes? ¿Qué significa?

-Pues, que me he pasado los últimos cinco años…

-Ahora no estamos en el pasado. ¿Qué ves ahora? ¿qué hace esa figura? – levantó la voz urgiéndole a no perder más tiempo y por primera vez levantó la mirada hacia Ulises.

-Está andando…

La mujer tranquilizó su tono y su semblante, como si estuviera esperando esa respuesta pero temiera que no iba a llegar nunca. La expresión de su mirada pasó instantáneamente de dura y exigente a cariñosa y compasiva. Parpadeó suavemente por primera vez desde que Ulises se sentó frente a ella, y continuó.

-¿Sigue andando? – Ulises asintió con la cabeza – ¿Ves hacia dónde?

-No, solo está andando… y mira a ambos lados – añadió.

-¿Se dirige hacia ti?

-No, va hacia adelante, lo veo de espaldas.

La mujer pareció tranquilizarse por completo y relajó el tronco para aposentarse cómodamente en el suelo. En esto Ulises se dio cuenta que había dejado de esparcir polvillo de tierra sobre las llamas, y temió que la visión desapareciera, pero persistía. De pronto le entró un atisbo de pánico que no supo definir, porque él había estado en sesiones de espiritismo en Londres y Paris, y magia oriental en los Himalayas. Y se dijo que no tenía por qué asustarse, ya que sin duda se trataba de una visión paranormal más provocada por alguna substancia alucinógena que contuviera la tierra de aquel piso. Sin embargo un instinto repentino le estaba diciendo que aquello era distinto a cuanto hubiera visto anteriormente. Se frotó los ojos y los volvió a abrir; ahí estaba él, o su figura opaca como una pequeña estatua de arcilla, andando hacia algún lugar. Se hizo hacia atrás como si quisiera salir de la tienda, asustado. Miró a la mujer; ella seguía con su expresión de infinita ternura.

-¿Qué significa? – balbuceó temblándole los labios. Y como la mujer se limitaba mirarlo esperando algo de él, continuó. – El fuego se está apagando, tú has dejado de espolvorear y yo sigo ahí… no he tomado nada y sigo viendo… la visión no se esfuma…

-Pues, sigue mirando.- respondió ella con sencillez.

-¿Qué más he de mirar?

-Lo que necesites.

-¿Es el futuro?

-Futuro, presente, pasado… eso es irrelevante.

Ulises hacía ademán de arrastrase hacia la puerta de la cabaña. La figura, él mismo, seguía ahí, e incluso se había hecho más grande, como si fuera a adquirir tamaño humano.

-¿Tú también la ves?

-¿No oyes?

-Está hablando. – insistió la mujer.

-No oigo nada. ¿Qué dice?

-Presta atención.

La mujer se daba cuenta que Ulises no se podía oír a sí mismo en esa visión y por tanto avanzó un paso más del ritual para facilitarlo. Cerró los ojos y comenzó a emitir sonidos por su boca que Ulises fue oyendo perfectamente. Él esperaba oírse y entender qué era lo que estaba diciendo la figura emergida sobre las brasas, pero en lugar de eso escuchó con claridad el rumor de una serie de grabaciones antiguas, a juzgar por el sonido metálico de las voces, y que se iban solapando una a otra como piezas que salieran de una máquina de fabricar piezas y fueran cayendo en un cesto habilitado para recogerlas. Discursos de académicos ilustres, soflamas políticas, arengas militares, conversaciones de tertulias científicas, etc. Es decir que su voz que podría estar preguntando lógicamente acerca del fenómeno que le había llevado hasta aquel remoto lugar, no emitía más que la reproducción mecánica y tediosa de multitud de registros de su cultura sin aportar ninguna novedad. Finalmente Ulises lo empezó a entender: Las preguntas que posiblemente hubiera tenido que hacer a la mujer, encarnando un fenómeno que deseaba desesperadamente descubrir, no eran más que una serie deslavazada de prefabricados clásicos que ocupaban su mente, insertados desde antiguo por la presión cultural, y por tanto, simplemente no estaba haciendo las preguntas que él mismo necesitaba hacer.

La mujer abrió los ojos y se encontró con la mirada de un niño sorprendido, aunque no asustado, pues su propia sabiduría original le estaba dando las respuestas, soslayando las preguntas que manipulaban su mente desde que su cultura consiguió borrar el frescor de aquella mirada.

El secreto de aquella tribu, concluyó inmediatamente Ulises, era conservar la sabiduría original, y con ella saber manipular las energías ambientales para obtener respuestas sencillas a preguntas sencillas sobre lo cotidiano y necesario para seguir creando una vida plena en armonía con el entorno, puesto que a las preguntas complejas, por ejemplo sobre la existencia de Dios, el origen del universo y esas cosas, la sabiduría original las había descartado por inútiles, y por mucho peor, por ser la semilla que permite la manipulación de las mentes. Eso es simple, siguió pensando Ulises, como que para esas preguntas complejas no hay respuesta, se crea un vacío en la mente, un vació que ansía llenarse y esas ansias precisamente son las que permiten a cualquiera con un poco de poder de persuasión esclavizarte de por vida.

Obviamente, pensó Ulises, la mujer estaba leyendo sus pensamientos, la telepatía forma parte de las facultades elementales de la sabiduría original; no hay ningún problema en ello, y sonrió con ligeros cabeceos de asentimiento. Y como disponemos de intelecto solamente como un instrumento para ordenar la comunicación de nuestros pensamientos profundos y muchas veces demasiado personales, se decidió a usarlo para hablar.

-He venido a vosotros a lanzar preguntas cuya respuesta ya estaba prefabricada de antaño, ¿verdad? – la mujer esperó, no tenía sentido responder que sí a algo que ambos sabían cómo cierto. – Lo interesante es el estímulo que me movió a hacer el viaje… El viaje es lo importante, ¿verdad? Y el viaje se emprende porque surge en la conciencia un elemento nuevo e imprevisto que nos conecta con nuestra sabiduría original.

La mujer siguió esperando a que el extranjero fuera desgranando por medio de su la máquina intelectual aquello que la percepción de su consciencia profunda estaba captando. Se dijo que el recién llegado necesitaba seguir haciendo uso de esa máquina porque no había aprendido a confiar en los silencios compartidos. Silencios que se comparten cuando las mentes están limpias de interés y por tanto desconfianza. Todo llegaría, se dijo la mujer india, pues aquel extranjero ya había emprendido su viaje; El largo viaje a sí mismo.

-Es decir, – pareció concluir el extranjero – no hay nada por descubrir, salvo la vida real. Esta es la enseñanza; vuestro “secreto”. – sonrió. – Tienes razón, – siguió intelectualizando con su máquina cerebral lo que captaba en el pensamiento de la mujer.- No serviría de nada volver a mi mundo y contar que no existe aquí ningún fenómeno exótico de actividad paranormal capaz de mover rocas de cinco toneladas con el poder del pensamiento y esas sandeces de circo que tanto excitan los ánimos en los círculos científicos.

Y entonces el extranjero hizo como los niños de cualquier paraíso cuando la caricia de la vida los tranquiliza: quedarse dormido apaciblemente y sin variar su postura sentado con las piernas cruzadas, inclinando ligeramente la cabeza hacia uno de los hombros. Pero no quedó dormido todo su ser, solo una parte, porque la otra había quedado en la misma posición con la espalda erguida y se disponía a levantarse; eso en la cultura anglosajona se llama “viajes fuera del cuerpo”, y muy poca gente cree que existan, aunque sin confesárselo ya lo han experimentado, como ocurre con la sabiduría original. Siguió sonriendo a la mujer. Esta se levantó haciéndole una señal con la cabeza para que lo siguiera. La parte no dormida de Ulises, sutil e ingrávida, pero mucho más lúcida, se levantó y observó por primera vez en su vida cómo esos viajes, que sin saberlo había hecho muy frecuentemente, pero los interpretó como soñar que volaba, conservan una unión con el cuerpo del individuo por medio de una especie de cordón luminoso que solo la parte sutil puede ver. La mujer, ya de pie y dando unos pasos lo tomó de la mano para que no saliera volando por la abertura de la cabaña, pues quería mostrarle algo.

Cuando estuvieron fuera, Ulises vio perfectamente su rastro sobre el camino que le había llevado hasta allí. Ese rastro tenía dos partes, una las huellas sobre el suelo y la otra su propio perfil transparente sobre ellas, marcándolas una a una. Aquel rastro volvía sobre sus pasos de nuevo hacia la cima de la montaña, luego descendía por la otra vertiente, seguía hacia el poblado minero y se perdía en una especie de mercado persa, al que no había estado nunca pero que encarnaba en su mente al hormiguero humano que acababa de dejar. Se volvió hacia la mujer y en aquel estado Ulises no solamente podía leer el pensamiento de otro ser sino que lo compartía plenamente, y el pensamiento de la mujer le ayudó a dibujar, como en un óleo medieval, por ejemplo de El Bosco, la realidad de tales aglomeraciones de ciegas hormigas obedeciendo pautas muy precisas y repetitivas conducidas desde alguna parte exterior a ellas mismas para ejecutar conjuntos de acciones uniformes y monótonas, pero que cada hormiga, por si misma – se fijó Ulises mejor – cree que es independiente y libre, y que domina sus actos a su antojo. El pensamiento de la mujer le invitó a hacer otro ejercicio, alejarse como si estuviera viendo ese movimiento browniano a través de una lente zoom, y, como resultado, ese gran mercado fue desplazándose a izquierda y derecha sobre la tierra, los valles, las montañas, hasta elevarse como una pieza más del planeta convirtiéndose en una especie de satélite a punto de tomar su órbita, solo que lo hizo envolviéndose con el gran portal de un escenario en cuyo frontispicio aparecía un gran cartel típico de las fiestas patronales de cualquier pueblo del planeta humano en el que se leía: “Gran Teatro Ambulante. Los Jueves: Mercado”.

La mujer india tiró de la mano al Ulises-fuera-del-cuerpo y le invitó a dejar esa visión para regresar al objetivo de su visita. Sintió con mucha claridad el estímulo que lo hizo destacarse de entre el hormiguero, cuando aún estaba en él, para emprender el viaje. El estímulo ya es el propio viaje, porque lo contiene en su totalidad. Ulises se vio en la Biblioteca de la National Society un buen día lluvioso y gris de Londres, despegando la vista de una de las obras de Tucídides, en un punto en que el historiador griego de las guerras del Peloponeso, se pregunta, si valió la pena tanto derramamiento de sangre, y al levantar la vista del grueso volumen algo ocurrió en el mundo (definición de mundo: “instante visible y tangible creado por la interacción del individuo con su entorno”). Un destello de su interior salió de él en forma de objeto luminoso que, aunque no lo pudo ver en el momento en que sucedió, pero si en la visión por la que estaba transcurriendo ahora, permaneció a pocos centímetros de su pecho tirando de él con la insistencia de las cosas del otro mundo hasta que consiguió que se decidiera a emprender el viaje y cuando la importancia y complejidad de los preparativos impidieron renunciar y dar la vuelta atrás. Esos fenómenos ocurren en el hormiguero humano con poca frecuencia pero la suficiente como para que alguno de sus individuos responda al calificativo bíblico de “Ser humano creado a imagen y semejanza de Dios”.

La mujer india fue acompañando de la mano al Ulises-fuera-del-cuerpo por el poblado y en ese paseo los habitantes sí se iban fijando en él, no como a su llegada, que nadie volteó la cara para mirarlo. Y al notar sus miradas también pudo establecer un dialogo mental sin expresarlo en palabras. Pensamiento sencillos, cotidianos, pero advirtió que tales pensamientos en los indígenas emergían sin caparazón cultural, espontáneos, fuera la idea que fuese la que se creaba, e iban a compartirse con Ulises-fuera-del-cuerpo. Y lo que más le interesó es que ninguna de esas ideas afloraba en forma de pregunta sino de certeza. Ulises se encontraba en el mundo en el que no se hacen preguntas que solo son respuestas en desorden.

-Te has dado cuenta, ¿verdad? – le transmitió la mujer mentalmente.

-Sí. – respondió él por el mismo medio. – No veo ningún saco cultural injertado en el interior de esta gente del que salgan preguntas prefabricadas que, al no tener respuestas naturales, provocan las angustias existenciales. Todo son pensamientos provocados por estímulos naturales.

-Eso es. Aquí no “educamos” a nuestros hijos; les acompañamos con nuestras vivencias profundas solo para que puedan tener una referencia en el caso de que la necesiten. Nunca tratamos de injertar definiciones en su interior, y dejamos que sea su propia percepción individual la que se encargue de clasificar las cosas para uso exclusivamente personal. No establecemos bloqueos tipo “eso está bien o eso está mal”, sino que confiamos que su percepción del entorno natural les vaya configurando sus propias definiciones.

-Eso no sería posible en nuestras sociedades masificadas.

-Ahora ya no, claro, pero, ¿lo fue en el principio? ¿se hubieran masificado tan exageradamente de no haber injertado en las primeras sociedades el germen de la posesión de otros territorios y por tanto la necesidad de multiplicarse para asegurar la conquista? No son preguntas que yo me haga porque aquí, en nuestra colectividad, ya veo la respuesta.

-Eso es: me las hago yo.

-Pronto dejarás de hacerte preguntas, porque ya no será necesario. Quiero decir, preguntas sobre tu existencia y la de Dios, porque no necesitarás creer, simplemente sentirás la presencia de tu naturaleza divina y por lo tanto de tu Unión con el creador, y con esa percepción ya no hay sitio para ninguna angustia existencial provocada por preguntas-trampa.

-En efecto, todo está escrito desde el principio de los tiempos, basta con leer bien, es decir sin definiciones previas, sin vacíos culturales injertados en nuestro interior que provocan la creación de preguntas sin fin, y por tanto bloquean la percepción profunda.

Al cabo de una rato de paseo por el poblado indio y cuando la mujer sintió como a Ulises la fascinación inicial fue dejando paso al contacto en equilibrio con la naturaleza y sus moradores dio por terminada aquella sesión de descubrimiento.

-Vamos a despertarte, ¿te parece?

-Bueno, de acuerdo, ya me estaba gustando esto de volar por encima de lo aparente.

-Puedes hacerlo cuando quieras. Lo has hecho sin darte cuenta durante toda tu vida, especialmente de niño.

Volvieron a la cabaña, la mujer no soltó la mano invisible de Ulises-fuera-del-cuerpo, porque una de las cosas que hay que aprender es a volver sin extraviarse. Ya en la cabaña, Ulises se incorporó hacia un lado para que Ulises-fuera-del-cuerpo pudiera entrar por el plexo, a la altura del hígado, que es lo que él conocía de haber escuchado a su maestro de ocultismo, uno de los miembros de la famosa sociedad secreta Golden Down, dirigida en aquellos días por McGregor Mathers. Sin embargo intuyó que aquella gente de la tribu Shurweeh podía entrar y salir por cualquier parte, aunque para verificarlo debería experimentarlo por sus propios medios.

Poco a poco los dos Ulises volvieron a unirse y la mujer india se sentó de nuevo frente a él al otro lado de la fogata. Ulises sonrió y empezó a hablar.

-¿Por qué me has mostrado vuestro secreto?

-¿Qué secreto?

-Pues… ese poder de visión, la comunicación telepática, e… de pensamiento, la percepción.

-No es ningún secreto, todo ser humano nace con eso.

-Vuestro secreto – dijo Ulises a modo de conclusión – es no haberlo perdido. .

La mujer no contestó, se limitó a compartir los pensamientos de Ulises. Y ambos siguieron hablando sin pronunciar palabra.

-Habéis visto vuestro destino, ¿verdad?

La mujer tardó en contestar; sabía que se refería a la conquista de sus territorios por parte del ejército.

.Cuando plantas la semilla de un árbol, sabes que algún día harás leña con él para calentarte, pero no hace falta saber cuándo exactamente va a morir, porque eso no importa, todos los seres vivos tienen ese destino. Lo único importante es cómo viven.

-Desde luego. ¿Qué vais a hacer? ¿trasladaros a otro lugar, más allá de las montañas del Norte?

-El Consejo de ancianos no lo ha decidido aún. Aquí están enterrados todos nuestros antepasados desde hace siglos.

-El ejército llegará antes del invierno, y lo arrasaran todo.

-Lo sabemos, pero eso tampoco tiene importancia.

-¿No la tiene? ¿El exterminio no tiene importancia?

-Ya te lo he dicho. Jamás podrán llegar a alcanzar siquiera un brizna de lo que tú ya conoces, y que solo es una pequeña parte, porque el secreto, como tú lo llamas, se guarda a sí mismo.

-¿No teméis que yo revele lo que he visto?

-En el caso de que te creyeran, lo que tú has experimentado solo es una pequeña parte, y con esa parte no pueden hacer nada, especialmente porque el “secreto” está dentro de nosotros, somos uno con él, no se puede separar ni escribir en un libro que sirva para reproducirlo.

-Es como la alquimia, – se dijo Ulises a modo de ejemplo, – quien hace la transformación realmente es el propio alquimista con sus facultades. La materia, el ácido, el fuego y las secuencias de la Obra por si solos no pueden hacer nada. Ya puedes estudiar los mejores libros de alquimia que no conseguirás nada, si la transformación no está previamente en tu interior. Ocurre lo mismo con la magia clásica, el poder del mago reside en él mismo, no en sus amuletos o instrumentos.

-Y además, – añadió la mujer, – tampoco vendrán para aprender sino para destruir, y como el “secreto” no puede ser destruido porque es el corazón y la esencia de la creación del Ser Humano, pues ya lo tienes. Como te digo no hemos decidido si lucharemos a muerte o simplemente nos iremos, o les daremos la bienvenida a las migajas que ellos consideran tan importantes, los minerales. Es irrelevante, porque cada uno de nosotros seguirá en comunión con la Unidad, esté donde esté y la tradición se mantendrá, aunque oculta a las élites ignorantes de vuestro mundo, que no entenderán nada porque creen que lo saben todo.

-Eso me recuerda la historia de los cátaros – volvió a ejemplificar Ulises para sí mismo – fueron destruidos por las hordas del Papa, pero la tradición siguió en otras formas que escaparon a ser detectadas, como los trovadores, las canciones aparentemente de amor galante y exteriormente sin trascendencia, y siguen en la actualidad. Ya veo: el “secreto” – Ulises aceptó el matiz que le propuso la mujer de usar esa palabra aunque no tuviera el mismo significado – se seguirá transmitiendo en forma oculta de persona a persona, no para preservarlo sino para seguir utilizando su poder sin alteración.

En ese momento la mujer levantó la vista a Ulises y pronunció en palabras sus pensamientos:

-Está bien, ya debo ocuparme de otros asuntos. ¿has tomado tu decisión?

-Sí, me gustaría quedarme con vosotros, si me lo permitís.

-Claro, puedes quedarte el tiempo que quieras.

Ambos se incorporaron dispuestos a dar por terminado aquel ritual y se dirigieron a la puerta de la cabaña, pero antes de que Ulises se pusiera a buscar su lugar entre aquella comunidad, la mujer, paseando la mirada en un amplio abanico, le preguntó sin volver la cara hacia él.

-¿Qué harás cuando lleguen?

-Lo decidiré en ese momento; hay muchas maneras de luchar y todas están relacionadas con la forma en que las energías se disponen para que se pueda preservar el bien.

Al asomar afuera de la cabaña, Ulises se encontró con una comunidad mucho más activa de la que vio al llegar, porque no debió verla correctamente. Los lugareños andaban y venían con sus quehaceres, hombres a caballo o a pie trasteando leña y fardos, alimentando algunas hogueras en el exterior y otras dentro de las cabañas. Niños jugando por cualquier parte sin estar acompañados de las amenazas de los adultos. En realidad aquella comunidad se parecía mucho a un completo jardín de infancia. De pronto a Ulises le asaltó algo tan civilizado como intervenir en la fuerzas de la naturaleza para evitar la catástrofe; la invasión de la modernidad en forma del ataque de un regimiento del ejército para conquistar aquellas tierras ricas en minerales, pero aquel impulso duró poco en las tierras de su conciencia recién reconquistadas por la comprensión de los ciclos y sus protagonistas, porque ya vio que aquella transformación debía ocurrir, tal vez para difundir donde fuera posible la llama de aquel espíritu ancestral. Pero, en cuanto a eso, solo tal vez. Ha ocurrido con otras culturas, cuya esencia fundamental se arriesgó a salir de sus templos para comunicar su esencia a otras partes del mundo. Pero como la Esencia y el Ser Humano son dos cosas inseparables, ese proceso de difusión solo depende del nivel de desarrollo de aquel.

La mujer echó a andar por la gran explanada y pareció invitar a Ulises a seguirla. La belleza del paisaje y la armonía de aquellas gentes reprodujeron en Ulises el brote de la enfermedad típica de su cultura: Deseo de posesión. Te impresiona algo y quieres poseerlo. Una cultura que se construyó sobre grandes vacíos, cavernas insondables en la conciencia, provocadas todas ellas por la sed de preguntar, creada por intencionalidad social de la educación. Y el espejismo se completaba con la creencia de que esos abismos artificiales podían colmarse o sus angustias saciarse con la posesión de la belleza. En Ulises tuvo la forma del irresistible deseo de proteger a aquellas gentes de las hordas de su propio mundo. Y la angustia de saber que eso ya no era posible provocó el mecanismo multiplicador que ha destruido la cultura occidental en base a destruir las demás. Un dolor muy agudo en la boca del estómago lo hizo doblarse y dar con sus rodillas al suelo. Iba ya a doblarse por completo cuando sintió los dedos delicados que se posaban a su espalda. Fue como un rayo de sol recibido en el frio más intenso de las nieves polares. Todo su cuerpo se inundó de luz y calor, y su espalda se irguió de nuevo. La mujer lo ayudó a levantarse. Le paso la mano por los hombros como si estuviera dándole la medicina definitiva. Le tomo de la mano y le invitó a andar por la comunidad y sus alrededores para que pudiera encontrar su sitio.

Y así fue como Ulises Seaworth logró cumplir con el estímulo en forma de objeto luminoso que se destacó de su cuerpo aquella la mañana en la Biblioteca de la National Geographyc leyendo una obra de Tucídides, distanciándolo de la monotonía prefabricada del hormiguero cultural en el que fue a nacer, y por tanto descubriéndole una dimensión de su propia naturaleza desconocida para la mayoría de los seres humanos, culpables de confiar en sus creencias.

Juan Trigo

El Bruc, 4/1/2015

MI OPINION DE LO QUE ES UN VERADERO MAESTRO ESPIRITUAL


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Para empezar planteando esta crucial cuestión, que la humanidad ha tenido que enfrentarse y sufrir las consecuencias de no encontrar una respuesta válida (aunque la tuviera ante sus narices, en el ejemplo de Jesús de Nazaret) y que tantos miles de millones de vidas ha arrastrado a la inutilidad y la ignorancia, podríamos empezar por la propia vida de Sócrates, maestro de maestros, que la dedicó y la sacrificó en aras de la Verdad. Y digo ejemplo de vida por aquella advertencia bíblica: “Por sus obras los conoceréis”, es decir, juzguemos por lo que hacen y no por lo que pretendan vendernos para supuestamente aliviar nuestra angustia existencia. Y me gustaría empezar por mi propia experiencia con maestros sufís.

Yo había tenido contacto con discípulos de Idries Shah, de la orden Naqshbandi, y leído muchas de sus obras, diez años antes de mis contactos directos con órdenes derviches en Estambul y Teherán.

A través de la búsqueda de contactos y la correcta explicación de mis intenciones, según había estudiado en las obras especializadas, y con el aval de un discípulo (como también se describe que has de hacer en los manuales de instrucciones sufíes) llegué a participar en una sesión de los jueves en la Hanegah (“casa de agua”, traducido literalmente del persa; lugar de reunión y alimento espiritual, de ahí la simbología del agua) de la orden Nematullah Wali en Teherán para suplicar me admitieran. Y esto es lo que quiero explicarles:

Lo primero que el Sheikh, Maestro, me preguntó fue cuál era mi situación social. Le dije que me acababa de divorciar y que mi intención era la de peregrinar por el mundo en busca de la Verdad. Me respondió inmediatamente pero con mucho cariño:

“Amigo mío, loables son tus intenciones, pero aquí no podemos ayudarte. Todos tenemos una familia a la que cuidar y proteger, y por tanto dependemos de un empleo. Aquí todos estamos en las mismas condiciones; yo soy empleado de banca, mi esposa es maestra en una escuela pública, el hermano Verreshk, que tan gentilmente te ha traído hasta nosotros es sastre y mantiene a esposa y tres hijos, de momento… (rió). Te explicaré algo que seguramente habrás leído sobre nosotros: Estamos en el mundo sin ser del mundo. Y este estar en el mundo lo es con todas sus consecuencias, y precisamente eso es la mejor herramienta de aprendizaje. No podemos trabajar contigo en las enseñanzas si no dispones de ejemplos claros y concretos en tu vida cotidiana que te sirvan para comprobar esas enseñanzas de desapego, servicio y a fin de cuentas amor. De modo que si algún día decides colocarte en ese estado de la condición social, vuelve y hablaremos. De momento tu hermano en la orden te proveerá de los libros en inglés que necesites.”

He de añadirles que ese empleado de banca movía cada jueves por espacio de varias horas a dos centenares de hombres y mujeres al ritmo de los tambores y las ney (flauta) hasta el paroxismo espiritual, mientras daba órdenes con la mente a uno y a otro para que se sucedieran en el recitado de las letanías.

Lo que pretendo compartir es que un verdadero maestro no predica, no trata de convencer, de poner las cosas bonitas y atractivas para captar adeptos o discípulos, no muestra lo que sabe ni jamás se vanagloria de ello, porque es consciente que su sabiduría no es suya y que él solo es un canal de transmisión que debe mantenerse limpio y sin estorbos, como un perfecto instrumento musical. Por ello no reclama dependencia y mucho menos devoción. Y es aquel que al ver que su discípulo ya ha asimilado sus enseñanzas que podía administrarle le invita, o le obliga si es necesario, a dejarle, a apartarse de él, porque es muy consciente de que sus enseñanzas, como las de cualquier otro maestro solo pueden abarcar una parte de la totalidad (*). Por ese motivo, porque no hace de sus enseñanzas trascendentes un negocio, ha de tener un empleo o profesión liberal para mantener a su familia.

Uno de los modelos capitales es Krishnamurti, aquel que no quería discípulos ni crear grupos ni organizaciones, que recomendaba no creer a nadie ni a nada que uno no haya podido experimentar. Un hombre capaz de disolver la Orden de la Estrella de Oriente, con más de 10.000 devotos seguidores y capaz de donar sus propiedades para crear escuelas y ceder sus bienes hasta el punto de pasar hambre en algunos momentos de su vida (descrito en su biografía por el matrimonio ingles que lo acogió en su casa). Recomiendo muy especialmente leer su “Discurso de Disolución de la Orden de la Estrella de Oriente”, una operación de márquetin Occidental, creado por mentes oscuras como Anie Besant y Lembecker, para contrarrestar la influencia de la espiritualidad de la India a principios del Siglo XX.

Y por el contrario, uno de los modelos a desmontar es Gurdjeff. El caso de este “mongol que extravió el camino” como suelen llamarle en los círculos sufís del Asia Central, es el típico del iniciado que habiendo sido entrenado en las más altas disciplinas del conocimiento se creyó protagonista de las mismas, es decir, en lugar de canal pensó que era el creador y su vanidad le impulsó a fomentar el culto a su personalidad, y a partir de ese momento la Fuente se desconectó de él.

Es interesante estudiar su trayectoria, y se puede hacer por medio de dos libros: “Los Maestros de Gurdjeff” de Lefort, en el que se describe como viaja de maestro en maestro, de Siria a Egipto, etc., para aprender de cada uno las enseñanzas que éstos pueden darle; lo que decíamos más arriba, cada Maestro solo puede enseñar una parte de la Unidad. Y la segunda obra a leer su “Mis Encuentros con Hombres Notables” donde podemos comprobar su elevado grado de asimilación de las enseñanzas antiguas, y tal vez algunos extractos de su “Relatos de Belcebú a su Nieto”. El resto es repetición y tratar de sacar partido a todo lo que va encontrando, añadiendo de su propia cosecha mucha imaginación.

En resumen, podríamos reflexionar sobre la condición mundana del maestro espiritual que iniciábamos al principio, por medio de una sencilla pregunta: ¿Es un empleo, un negocio o una responsabilidad? En otras palabras, ¿se puede vivir de aliviar el vacío existencial de la gente y ayudar a su descubrimiento personal? Y como no me estoy refiriendo a profesiones como la de psicólogo, astrólogo o sacerdote, sino a fenómenos mediáticos como Castaneda, Sai Baba, etc., por poner algún nombre no contemporáneo, a mí entender una útil vara de medir puede ser aquella máxima crística citada al principio de: “por sus obras los conoceréis”.

Tomemos un ejemplo muy conocido: Castaneda salió a hacer un trabajo de campo para su tesis doctoral de antropólogo y se encontró de bruces con una parte espectacular y exótica del Conocimiento, y él y sus discípulos crearon una corriente espiritual. Dejando aparte la controversia sobre la veracidad de sus afirmaciones y la opacidad biográfica, porque no es objeto de lo que quería exponer, lo real es que en “Las Enseñanzas de Don Juan” encontramos un elemento, presente en todas las enseñanzas trascendentes, destinado a proporcionar a la persona la percepción de su otra realidad, probablemente La Realidad. Lo que quiero decir es que si se toma un elemento por si solo sin relacionarlo con la totalidad, uno puede hacerse rico publicando libros, cobrando conferencias y cursos y en fin otras manifestaciones mediáticas, pero solo habrá cumplido con aquel chiste del diablo y el humano que encontró una parte de la Verdad.

Dice que un día caminaba el Diablo por la calle explicando a sus discípulos algún aspecto del Conocimiento cuando uno de ellos le advirtió: “Maestro, mirad ahí abajo, ese humano ha encontrado una parte de la Verdad”. “¿Y qué?”, respondió el Diablo. “Pues que puede desmontar toda nuestra estrategia de manipulación de masas”. “No te preocupes, pues ha encontrado solo una parte, y como le va a deslumbrar ese descubrimiento, creará una secta o corriente espiritual y se olvidará de seguir buscando para relacionarlo con la Totalidad”.

El dilema es: Encontrar una parte y explotarla mediáticamente o seguir buscando las demás, aunque uno deba mantenerse en el empleo o profesión que le da de comer. Eso es lo que quería proponer aquí.

Juan Trigo
El Bruc diciembre 2014

(*) La Verdad está diseminada por el mundo, y al buscador ha de ir recopilando los fragmentos, en una especia de ritual referido al mito de Isis recogiendo los pedazos de Osiris. Dice Ibn Arabi, sufí hispano del siglo XIII, “Un verdadero arif (compleja palabra árabe que podría traducirse como creyente, buscador, realizados espiritual) no puede quedarse atrapado en ninguna forma de creencia.

SI VINIERAS AL MUNDO CON UN LIBRO DE INSTRUCCIONES, ¿TE LAS LEERÍAS?


ASTROLOGIA-1

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Juan Trigo: “Si nos regalan una electrodoméstico para hacernos la vida más fácil o sacarle todo el sabor a lo que cocinamos, lo lógico es que leamos en manual para saber primero para que sirve y luego como funciona. Al nacer, la página en blanco que somos, como diría Gurdjeff, va emborronándose con nombres, atributos, ligámenes familiares, imposiciones sociales, etc., hasta convertir esa página en un complicado garabato negro que suplanta lo que realmente somos. Parece obvio pues, aprender a saber cuáles son nuestras facultades y cómo podemos aprovecharlas al máximo y también cuales sobre nuestras debilidades y puntos vulnerables, para obviamente evitar exponernos innecesariamente.

La astrología, fiel reflejo del cielo en el momento de nuestro nacimiento, nos da el mapa de energías que tenemos disponibles en todo momento y nos apunta con precisión de que naturaleza de nuestra conciencia superior, nuestras emociones primarias, nuestras facultades de raciocinio, la capacidad de nuestros sentidos para captar cómo es la vida que nos equilibra, la fuerza de nuestra afirmación, y por otro lado cómo podemos negociar con las tensiones del mundo para vivir en él sin convertirnos fácilmente en sus esclavos.” (Entrevista completa)

Conferencia gratuita este sábado 18 de enero.Datos su curso en evento Facebook

Para más información escribir directamente a Juan Trigo: juan@tmp.es