El hijo del Rey


Juan Trigo: La tradición Sufí tiene un cuento muy antiguo que, como el del Elefante en la Oscuridad y la mayoría de ellos, se reproduce de distintas maneras según la gente al cual va dirigido, al lugar donde se aplique y a su momento concreto. En esencia explica el origen y la naturaleza de la humanidad y la necesidad de despertar y descubrir quienes somos en realidad.

Aquí reproduzco estrictamente la versión de Idries Shah en su obra “Cuentos de los Derviches” y que lleva por título:

El Hijo del Rey

Una vez, en un país donde todos los hombres eran como reyes, vivía una familia, feliz en todo sentido, en medio de un ambiente de tales características, que las palabras no lo pueden describir en términos de cosa alguna conocida hoy por el hombre. Este país de Sharq (Oriente) parecía satisfactorio al joven príncipe Dhat; hasta que un día los padres le dijeron: “Querido hijo, es la costumbre obligada de nuestro país que cada príncipe real, cuando alcanza cierta edad, parta a fin de someterse a una prueba. Esto se hace con el objeto de prepararlo para su reinado, y para que logre en reputación, y – gracias del esfuerzo y el estar alerta -, un grado de hombría que no se obtiene de ninguna otra manera. Así ha sido ordenado desde el principio, y así será hasta el fin”

Por lo tanto el príncipe Dhat se preparó para su viaje, provisto por su familia del sustento que ella podía brindar: una comida especial que lo alimentaría durante su exilio, de pequeño tamaño aunque ilimitada en cantidad.

Además le dieron ciertos recursos, que no es posible mencionar, que de ser usados adecuadamente, lo protegerían.

Debía viajar a cierto país, llamado Misr (Egipto), e ir disfrazado. Fue así como le dieron guías para el viaje, y ropas adecuadas a su nueva condición; ropa que tenía poca semejanza con la usada por alguien de sangre real. Su tarea era rescatar cierta joya, custodiada en Misr por un temible monstruo.

Cuando partieron sus guías, Dhat quedó solo, pero pronto se encontró con alguien que Se hallaba cumpliendo una misión similar, y juntos pudieron mantener vivo el recuerdo de sus orígenes sublimes. Pero, debido al aire y a la comida del país, una especie de sueño pronto descendió sobre ambos. Y Dhat olvidó su misión.

Durante años vivió en Misr, ganándose la vida y desempeñando un humilde oficio, aparentemente ajeno a lo que debería estar haciendo.

Por un medio que les era familiar, pero desconocido para otras personas, los habitantes de Sharq llegaron a conocer la lamentable situación de Dhat, y trabajaron juntos, en una forma por ellos conocida, para ayudar a liberado y permitirle perseverar en su misión. Por un medio extraño un mensaje fue enviado al pequeño príncipe, diciendo: “¡Despierta! Pues eres el hijo de un rey, enviado en una misión especial, y debes regresar a nosotros.”

Este mensaje despertó al príncipe, quien logró encontrar al monstruo, y mediante el uso de sonidos especiales, logró que se durmiera, tomando la inapreciable joya que éste había estado custodiando.

Entonces Dhat obedeció los sonidos del mensaje que lo habían despertado; cambió sus vestiduras por las de su país y volvió sobre sus pasos, guiado por el Sonido, al país de Sharq.

En un tiempo sorprendentemente corto, nuevamente Dhat contempló sus antiguas vestimentas, y el país de sus antepasados, y arribó a su hogar.

Sin embargo, ahora, debido a sus experiencias, pudo ver que se trataba de un lugar que tenía más esplendor que nunca, un lugar seguro para él; se dio cuenta de que era el lugar rememorado vagamente por la gente de Misr como Salamat; palabra que para ellos significaba Sumisión, pero que, ahora pudo verlo; significaba paz.

Notas:
Una trama muy similar se. encuentra en el Himno del Alma en los Libros Apócrifos del Nuevo Testamento. El filósofo Ibn-Sina (muerto en 1038) conocido como Avicena en Occidente, ha tratado el mismo material en su alegoría del Exilio del Alma, o Poema del Alma.

Esta versión aparece en la transcripción hecha por un derviche errante de una narración realizada aparentemente por Amir Sultán, Sheikh de Bokhara, quien enseñó en Estambul y murió en 1429.

El pasaje “Despierta y recuerda que eres el hijo del Rey” es una constante tanto en la literatura iniciática de naturaleza críptica como en su versión popular. La visión de Hamlet en el acto primero, donde el fantasma de su padre le revela la verdad de lo que ha ocurrido, o la película “El Rey León”, en una visión similar que tiene el joven príncipe para recordar quién es el realidad, son algunos ejemplos. “El Castillo Interior” de Teresa de Ávila o la “Subida al Monte Carmelo” de Juan de la Cruz, son ejemplos de esa misma llamada a recordar que este mundo solo es una estación de paso, un tránsito hacia nuestra verdadera naturaleza.


Anuncios
de planocreativo Publicado en SUFISMO

6 comentarios el “El hijo del Rey

  1. Mmmmm… ¿todo inventado? ¿Seguro? Lo que estas pensando en este momento, ¿es EXACTAMENTE lo que piensas en todos los minutios de tu vida? ¿No? ¿Hay alguna variación? ¿En que consiste, de donde ha venido, quien la ha originado, tal vez esa sensación que acabas de tener al pasarte por la cabeza ese recuerdo de…?

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s