Eres la muerte


DIÁLOGO

– ¿Eres La Muerte?
– ¿Quién?
– Te pregunto si eres La Muerte.
– La muerte… pues, me suena es nombre, pero ahora no caigo…
– Es que te veo vestida así, de negro y con la guadaña…
– Ah, sí, es cierto. Vaya. ¿Por qué voy vestido así? Ah, y soy hombre.
– Lo que faltaba.
– ¿Qué? … ¿Qué hago aquí?
– ¿Cómo lo voy a saber? ¿Eres un fantasma?
– Pues no; yo estaba jugando en el porche de mi casa, en Morelos, oyendo a mi madre canturrear en la cocina, cuando por la carretera apareció un camión cargado de hombres disparando sus fusiles al aire y gritando “¡Viva Zapata!”, y de pronto…
– Uf, pero de eso ya hace doscientos años, y estamos muy lejos de Méjico.
– ¿Tantos?
– ¿Y vas vestida… vestido, así para celebrar las masacres que asolaron tu país?
– ¿Mi país? ¿Cuál es mi país? ¿Masacres? ¿Qué es Méjico?
– Ya yerba de este planeta se alimenta de tanta sangre como se ha vertido, inútilmente.
– ¿Ah, sí? Vaya. ¿Qué estás haciendo?
– Espionaje industrial mientras me termino el tataki de atún rojo, que además no me gusta, pero queda muy bien comérselo en un restaurante como este. Estoy trabajando para la competencia. ¿Ves los de la mesa de al lado? Espero que… no, no creo que te hayan visto; no creo que te ha visto nadie, porque hubieran salido todos despavoridos. ¿Y cómo es que yo no? Bueno da igual, pues mira, estoy grabando la conversación por esta micrograbadora incorporada a la varilla de las gafas. El del blusón rojo le está revelando al otro una primicia comercial para que ponga dinero en el negocio. Se trata de una aplicación informática para compra en supermercados por internet. Entras en la web y puedes comprar todos los productos que venden las principales cadenas del mercado de Europa, todo; detergentes, lácteos, verduras, muebles, etc. y la novedad consiste en que hay una tecla que te pregunta si quieres “low cost”. Cuando la pulsas, la aplicación busca entre todas las cadenas de supermercados cual la que tiene los productos que has escogido a mejor precio, y eso lo hace producto por producto, por ejemplo te elige las manzanas de Eroski, la leche de Euromatché, el bistec de Makro, etc. Luego le das a “carrito” y la aplicación te selecciona los paquetes de productos por establecimiento, te cobra de una sola vez, y cada hipermercado te lo envía a domicilio. El negocio está en venderle a algún establecimiento, con el que hayas negociado un “pastón”, una “puerta trasera” para que de esta forma conozca al instante qué tienda tiene tal producto a mejor precio y así ajustar el suyo, etc. ¿Me sigues?
– No entiendo nada. ¿Qué es un hipermercado?
– Es la tienda absoluta. Los centros comerciales ocupan la mayor parte de la ciudad, incluso disponen de centroteles…
– ¿Qué?
– Hoteles insertados en los centros comerciales, con jardín, piscina, disco, etc. De esa forma la gente puede vivir sin salir a la calle, porque tienen de todo, incluso paisajes artificiales. Lo de los campos de golf en los centros comerciales fue un superventas que acabo arrasando con las pocas tiendas que quedaban.
– Ah.
– ¿Has visto alguna tienda por la calle?
– No he estado en la calle, he aparecido aquí de pronto, frente a ti…
– Vaya, pues, ¿Por qué no te sientas y esperas a que termine de piratear a este par de idiotas engreídos? Ahora solo faltan los detalles de cómo gestionan los centros comerciales el aprovisionamiento selectivo…
– Pero, ¿y si te descubren?
– Justificar.
– ¿Cómo dices?
– Todo este “tinglado” se sustenta sobre aire.
– ¿Aire?
– No hay nada sólido bajo esta ciudad, ni bajo todo el país o la Zona Euro; cualquier cosa que hagas o hagan, por aberrante o ilegal que sea puede ser justificado hasta con cifras estadísticas, basta con tener imaginación para inventar una buena escusa-justificación y memoria para no volver a repetirla y listo, la gente se lo traga a base de propaganda colorista, frases de impacto, excitación comercial, discursos de gente importante, que a mi entender por el mero hecho de cobrar por esos discursos deberían dejar de ser importantes, pero, en fin, etc. Como la gente no quiere analizar y criticar lo que le dicen y tragan como benditos, no tienen otro remedio. ¿Quieres que te explique porque se han dejado llevar durante años por la fiebre de comprar novedades compulsivamente, solamente por ser novedades, y por ello endeudarse de por vida?
– No tengo mucho tiempo, aunque no se tampoco cuanto tiempo me he de quedar, porque no se qué estoy haciendo aquí ni a qué he venido.
– ¿No sabes nada verdad?
– Eso parece… Pero por la ventana veo que hay gente que va por la calle. ¿no decías que…?
– Oh, sí, aún hay nostálgicos que pasean. No saben adónde, pero se hacen la ilusión de pasear. Oye, ¿Porqué a mi?
– ¿A ti?
– Sí, ¿por qué te has aparecido a mí? ¿es que ha llegado mi hora? Por eso pensé que eras la muerte, y además no has soltado la guadaña en todo el rato.
– Ay, va, pues es verdad. ¿Y si pruebo de soltarla? A ver… Ya está. Bueno, pues no ha pasado nada, solo es un palo con una gran cuchilla en la base.
– ¿Y si pruebas de sentarte? ¿Tienes hambre?
– Pues…
– ¿Tampoco lo sabes? Bueno, no me gusta nada comer en este restaurante de moda porque solo te hacen cosas para impresionar, pero no el estómago, sino a la prensa y los críticos gastronómicos, que a fuerza de filigranas cada vez más alejadas de la buena mesa de siempre han acabado perdiendo el gusto por lo que está verdaderamente rico. Pero en fin es carísimo y eso es lo esencial, viene gente que importa en el momento comercial, ya sabes, tops, cults, posts, etc. ¿Quieres que te confié un secreto? Yo saliendo de aquí me voy a atracar a un “basura”, donde no hay periodistas ni “divinos”. ¿Tienes hambre o no? Para algo te me has aparecido en un restaurante, ¿no?
– Pues, puede que tengas razón.
– ¿Seguro que no eres La Muerte?
– Pues, ya que lo dices, a lo mejor sí. Oye, ¿y que se supone que tengo que hacer siendo La Muerte?
– Hombre, pues llevarme, adonde sea que se va, que cada uno tiene sus teorías, claro. Aunque yo siempre había creído que era una mujer, bueno, algo así como femenino pero en tétrico y sobre todo vestida como vas tú.
– ¿Llevarte? ¿Para qué?
– Bueno, eso es lo que pregunta todo el mundo. No es que aquí estemos bien, que no es ningún paraíso sino todo lo contrario, pero es conocido y lo del otro lado no. Aunque a veces te aseguro que a la mayoría le da por hacérselo uno mismo y acabar de una vez.
– ¿Hacérselo?
– Sí, claro, suicidarse. Meterse dos jeringas para caballo llenas de “caballo” y puff, ya está, resuelto el tema.
– ¿Resuelto?
– Bueno, no, claro, porque nadie sabe que hay despues… en fin, que si no has venido a llevarme, entonces, ¿qué hacemos aquí?
– Pues me parece que tendremos que averiguarlo juntos, ¿no?
– Hombre, esta sí que es buena. Siempre había entendido que cuando alguien se encuentra de cara con La Muerte se ponía a temblar, llorar, gritar y todo eso, y ahora resulta que me viene La Muerte y me pide que averigüemos juntos lo que hay que hacer.
– Pues, no sé, era una idea.
– Vale, vale, pues nada, ¿por dónde empezamos?
– Pues no sé, ¿tú qué crees que es La Muerte?
– Hombre, pues, ¡zas! Ya esta, se acabó, cero, nada.
– Ah, vale.
– ¿Y tú?
– Yo estaba sentado en el porche de mi casa en Morelos y se me hinchó el corazón por la posibilidad de liberar a mi país y creí que era posible…
– ¿Qué te ocurre? Te has puesto triste.
– Hoy estamos aquí y mañana… ¿es eso la muerte? Hoy nos invade un coraje descomunal y hacemos caer a tiranos, rescatamos niños de las inundaciones, repartimos comida a poblados en el desierto, escalamos montañas para ver que hay al otro lado, y de pronto, otro día… me debí confundir de puerta y aparezco en esta ciudad automática, donde uno me confunde con alguien que no sé quién es y qué me dice que soy nada, cero, se acabó. ¿Qué ha ocurrido?
– ¿Me lo preguntas a mí que me estás estropeando el negocio?
– ¿Qué negocio, a que te dedicas?
– Informático de carrera, hacker de afición y oportunista de profesión.
– ¿Y todo eso que es?
– ¿No había oportunistas en Morelos?
– Sí, claro, como en todas partes.
– … Solo que allí la muerte debió ser más gloriosa, más épica, más espectacular.
– ¿Aquí no se muere la gente?
– Oh, sí, claro, pero no es nada gloriosa; te mueres enchufado a un montón de tubos y cables y saturado de morfina. ¿Qué tiene eso de glorioso?
– ¿Todos se mueren así?
– No, claro, algunos sin darse cuenta mientras duermen o ven la tele, y otros… como yo en una escena imposible, insólita, y hasta grotesca. Ya que, al parecer he de morirme ahora, ¿no?
– ¿Por qué?
– Porque eres un fantasma con capa y capucha negra y guadaña. Por eso he de morirme; es lo que la gente cree. Un día te visita esa señora y ya está. Si no, ¿Por qué vas vestido así?
– Ya te he dicho que no lo sé, al lo mejor es el viaje, me equivoque de puerta y cogí prestado este atuendo, ¿Y yo qué sé?
– ¿El viaje?
– Bueno, supongo que he tenido que viajar mucho para llegar hasta aquí, porque no se parece en nada…
– Pues tengo entendido que la muerte no viaja, que siempre está aquí, en presencia o en deseo de las personas que ya no pueden más.
– ¿Hay personas que desean… cero, nada, ya está?
– Si tú supieras.
– En Morelos nadie deseaba la muerte sino la victoria, y si te tocaba el turno, pues había valido la pena la lucha por ver a tu gente salir de la esclavitud. La muerte siempre estaba presente, como en cualquier lugar del mundo y momento histórico, la diferencia está, supongo, en lo que esperes de la muerte, pero claro, eso depende de lo que esperes de la vida. Una vez le oí decir al mismo Emiliano que no hay que temer a la muerte, solo es una puerta, y quien teme a la muerte es que le teme más a la vida.
– Así que tú eras de esos que se liban a pegar tiros a los… ¿cómo les llamaban en las películas antiguas, los colorados?… Sí, eso es, y que asaltaban trenes llenos de armamento. He visto alguna de esas en las películas y suena bien, pero una cosa es verlo en una película y otra muy distinta… Oye, ¿Por qué no te quitas esa capa? Ya hemos visto que no pasa nada si sueltas la guadaña… ¿A ver? Eso es, muy bien, ¿ves? Tampoco pasa nada. ¿De qué vas vestido, parece un hábito, y es blanco como la nieve. ¿Quién te puso esa capa tan negra?
– Ya te dije que no lo sé.
– Bueno, ¿Qué hacemos ahora? Parece que no eres la muerte sino un tipo que se ha despistado por algún agujero de gusano o singularidad de cualquier espacio de Hilbert y ha ido a darse de bruces aquí.
– ¿Hilbert?
– Era un matemático que mejoró las series de Fourier para crear espacios lógicos imposibles, en los que se pueden dar singularidades por las cuales a ti te han hecho viajar en el tiempo y en el espacio… Oye, ¿y si fueras un farsante, un espía a sueldo de estos de la mesa de al lado y ahora me vas a pegar un golpe de kárate para quitarme las gafas y quedarte con la micrograbadora, que además ha grabado todo lo que te he dicho?
– Una singularidad… me suena a algo que no tiene por qué estar ahí, ¿es eso? No fui a la escuela y por tanto no se quienes con esos señores que dices, pero me imagino que algo singular es como una cosa única y distinta en medio de muchas cosas iguales, ¿me equivoco?
– Estoy jodido, eres uno de ellos y me vas a quitar la microgabadora. Prefería que fueras la muerte.
– Y yo que fueras Poyo Goacán, uno de los lugartenientes de Zapata, bajo cuyas órdenes serví hasta que… Ah, vale, ya entiendo, lo que ocurre es que estoy muerto y tuviste razón desde e principio: soy un fantasma.
– No te creo, eres alto y fuerte y me vas a desnucar para quitarme la micrograbadora.
– Que obsesión, ¿qué importancia tiene una micrograbadora en un acontecimiento de colosales dimensiones como este? Se te aparece un fantasma, atravesando tiempo y espacio, que no tiene nada que ver con tu vida y que no sabe porque ha aparecido de la nada e inicias una conversación sobre la muerte y en cambio tú dale con la micrograbadora.
– Es mi vida, voy a ganarme un pastón y podré comprarme un apartamento en la parte alta y cada noche una top model. Comprenderás que no me interese en absoluto que hayan tipos que se disfracen de la muerte y te hagan una visita de improviso, una top model es lo mejor del mundo y los agujeros de gusano y los espacios de Hilbert y la misma muerte no son nada.
– ¿Por qué?
– Porque no te los puedes llevar a la cama, es más, si no estás atento, como te ha ocurrido a ti, ya ves, estás muy eufórico y de pronto te encuentras… Está bien, lo acepto, eres un fantasma disfrazado de muerte que luchó con Emiliano Zapata y has venido a saludarme. Vale, muy bien, muchas gracias, te devuelvo el saludo ¿puedo continuar con mi trabajo?

Juan Trigo, Octubre 2011

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de planocreativo Publicado en RELATOS

2 comentarios el “Eres la muerte

  1. Me encantó la celebración de la muerte en este escrito!! Soy mexicana y la calle Morelos es representativa de una calle que existe en todo el país…Me encanta Zapata por que además de ser un líder REVOLUCIONARIO, era además un iluminado, un hombre espiritual quien efectivamente, se dice: podía comunicarse con los muertos…
    Y bueno solo agregar a esto que precisamente mañana 2 de Noviembre se celebra en este país el día de MUERTOS…Y las familias hacemos una celebración en los panteones ( de hecho allí se come)…o bien desde nuestras casas…Se elabora un Altar de Muertos y una ofrenda de alimento especial…Y esto como una Tradición fundamental (reconocida por la UNESCO) como una tradición mexicana, la cual más que una festividad Cristiana es una celebración donde se mezclan tanto la cultura prehispánica como la religión católica, donde el pueblo Mexicano logró mantener sus antiguas tradiciones vivas….Estoy emocionada con este texto de la muerte…Disculpen que haya escrito tanto..Muchas gracias! Es muy bello…

  2. Al contrario Gisela, muchas gracias por esta emocionada información que nos lleva en volandas a esas celebraciones atávicas que nos unen en ese universo común.
    Como en muchos de mis cuentos no se qué intención tuve al ir escribiendo lo que aparecía en la pantalla de mi mente, solo que al ir los personajes evolucionando a su antojo yo intentaba entender, y ahora, como en tantas otras ocasiones se me ocurren diversas interpretaciones, no tan profundas y totales como la tuya

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