Nos encontró Moulay Ismail en el frente oriental de Sirte



Nos encontró Moulay Ismail en el frente oriental de Sirte, en aquel tristemente famoso lugar de la carretera a Bengasi en el que mucho antes de divisar los cadáveres el aire ya  está impregnado con el olor  dulzón a muerto, y que lleva un nombre curioso, Ras-al-Kantara, que traducido para un escenario militar podría leerse como “cabeza de puente”; en efecto, la insurgencia enviaba desde allí sus por el momento infructuosas andanadas hacia la ciudad. El enorme Jeep Castor 230 de Moulay Ismail se detuvo frente a nuestro grupo saludándonos con una inmensa polvareda. Venía encabezando una partida de rebeldes compuesta por cinco furgonetas artilladas, cuatro coches de pasajeros, a dos de los cuales les habían cortado el techo para instalar la ametralladora, y un tanque Sherman capturado al ejército que andaba milagrosamente a pesar de que un gran boquete de obús había inutilizado la cadena del flanco derecho.  ¿Qué hacía en esta guerra aquel viejo FLN argelino que combatió con Houari Boumedienne en el Djurdjura en 1958? Por lo menos debía tener 80 años.  Saltó del vehículo y entró corriendo en el reducto con su M16 al hombro. Se debía mantener en forma a base de guerras, mujeres y vino francés de sus viñedos de Al-Biar, al sur de Argel, y por supuesto un espíritu a prueba de decepciones.

–        ¡Salut les combattants! – gritó el viejo saludo FLN al verme y con su eterna sonrisa de niño travieso.

–        ¡Que la mort soit douce, comme une belle femme! – le contesté el ritual

–        ¿Qué cojones haces aquí? – dijo  – los españoles no vais a sacar nada de esta masacre; se lo van a llevar todo franceses e ingleses, y pocos más. Ya están negociando con Sarcosi.

–        Ah, mon cher ami, ce n’est pas toujours l’argent.

–        ¡Oh, no me jodas! ¿No te has desecho aún de ese viejo sentimentalismo de Robin Hood? La revolución no existe, murió con Espartaco.

–        ¡Quel bêtise, mon cher! La revolución es permanente y está en el fondo del corazón, y este es indestructible. Te pueden masacrar el cuerpo y romperte las emociones, te lo pueden quitar todo, pero no el espíritu; a fin de cuentas no tenemos nada, todo es transitorio, salvo el espíritu.

–        No has cambiado, “mon frère”, ni los negocios de Estado, ni las esposas han logrado convencerte para que te tomes las cosas de otra manera.

–        ¿Y por qué estás aquí tu “oiseau rapide”? – usé su viejo apodo de guerra que le pusieron en la batalla de Tizi Ouzu, como un trofeo laureado por haber servido de enlace, como un “pájaro veloz” entre los grupos que asediaron al destacamento del ejército francés en la capital de la Kabilia hasta conseguir su rendición.

–        Bah, cela c’est toute une autre histoire.

–        ¿Ves? Tu tampoco has dejado de ser un quijote loco en busca de molinos que atacar. Seguramente hay alguna mujer en apuros en ese infierno.

–        ¿Quieres que nos peleemos otra vez? Hace más de 50 años que casi nos matamos, con que ahora hasta podríamos conseguirlo. Por cierto, ¿cerraste el negocio de helicópteros de Santa Barbara con el primo de Bashar al Asad? ¿Cómo se llama? Ah sí, Makhlouf. Ves que estoy bien informado, ¿eh?

–        ¿Quién cojones te ha contado eso?

–        Des amis communs, mon cher. Pero no importa, te vas a forrar; Siria va a estallar también como esto, y el ejército necesitara helicópteros para masacrar a la gente, como aquí. ¿De qué estaremos hablando, 200 millones? Seguro que no será el único pedido… ¿Qué le pasa a tu pierna?

–        Mañana estará completamente gangrenada; una esquirla de metralla.

–        Ah, merde, je vais te lever de cette poubelle. Venga, vamos, levanta, sujétate a mi hombro… este tanque ya no tiene gasolina, ¿verdad?

–        Ayer se terminó, por eso no pudimos llegar a Sirte.

–        Por cierto, he visto a tu hijo en el centro, con su MP5 repartiendo tiros en el mismo centro. Es un chaval magnífico y tira muchísimo mejor que tú, aunque eso no es difícil… ¿Has venido por él verdad? Ah, ahora entiendo. Oh, sí, por ciertos chavales somos capaces de dejarnos matar sin pronunciar palabra. No son humanos, son dioses. Recuerdo en el Djurdjura un mozalbete de Tamanraset…

–        Me desangraré aquí si has de contármelo.

–        ¡Merde, finalement nous devenons sensibles comme des femmes! Venga, agárrate, nos vamos, llegaremos a tiempo al hospital de Bengasi.

–        Llévame a Sirte. ¿Ibas allá, verdad?

–        ¡No me jodas! Ya no hay hospitales, todo está… No podrás encontrarlo, salta de casa en casa como una sombra, cargándose a cuantos mercenarios de Níger encuentra a su paso. Es muy joven, pero hombres curtidos le siguen ciegamente como a un jefe guerrillero. Le llaman “The Little Wizard” por como dispara y esquiva las balas al mismo tiempo, y sobre todo por su acierto en olfatear al enemigo.

–        Es de lo único que quiero despedirme en este mundo. Como has dicho, no parece humano, sino divino.

–        ¡Sacre bleu! En Bengasi te pueden curar y vuelves aquí en unos días…

–        No llegamos a tiempo, “mon frère”, ¿ves como está? La negrura va subiendo rápidamente…

–        ¡Te la pueden amputar y ya está!

–        Moulay, hermano. Lo entiendes perfectamente. La vida no tiene sentido si no la vives. En Bengasi acabaré como un inválido, mientras que a lo mejor tengo suerte y en las calles de Sirte me encuentro con mi hijo. Y eso, tu ya lo sabes, es un millón de veces mejor que seguir viviendo como un inválido.

–        Pero te operan y vuelves. Vamos, yo me quedo contigo en Bengasi y te traigo para acá cuando puedas moverte.

–        Entonces esto ya habrá acabado.

–        C’est vrai, ce conard de Kaddafi est terminé.

–        Y quiero verle combatir, quiero comprobar con mis propios ojos lo que dicen de él. Quiero abrazarlo otra vez. Después del divorcio  con su madre nos vimos poco; me buscó, pero yo me había ido demasiado lejos, incluso para él, lo cual no me explico. Esto no va a durar un mes, y él no se quedará aquí para cobrar la factura. No ha venido por eso.

–        Tu tampoco, ¿·verdad mon frère”? Tú no combates por dinero, lo consigues en los despachos de los políticos.

–        Tu tampoco Moulay. ¿Cómo se llama, Djanine, Marianne, Latifah?

–        ¡Merde!

–        Cuánta razón tienes. Vamos, ayúdame a subir al jeep, ya hace demasiado que estamos aquí parados, y nos vamos a perder el espectáculo.

Juan Trigo

Septiembre 2011

 

 

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s