ESPERA A QUE SE HABRA EL CIELO


El oráculo del sabio Peer Gynt se encuentra al final de una estrecha carretera vecinal que desemboca en la autovía que va de Oslo a Bergen, bordeando los helados altiplanos del Norte de la provincia de Telemark. Una cabaña completamente de madera, elevada sobre el suelo por gruesos pilones, rodeada totalmente por una galería con barandilla y con techo en punta a la antigua usanza medieval Noruega. El peregrino irlandés, Sean O’Flagherty, octava reencarnación del conde Henry Dunloghan, señor del Condado de Armagh, que se enamoró perdidamente de un maga druida en una época muy difícil, y terminó sus días en Tierra Santa, luchando con los templarios en el asedio de la fortaleza de San Juan de Acre en el Año del Señor de 1191, llama respetuosamente a la puerta del sabio. Abre su mujer, aún más anciana que el propio Peer, y murmura volviéndose adentro sin cerrar la puerta:

– Te está esperando.
– Pero… ¿Cómo sabe que venía? Yo no me anuncié, ni le envié carta alguna…
– ¿Vas a quedarte en la puerta?

El irlandés hace el gesto para entrar pero en el mismo dintel una pared invisible y sólida le bloquea el paso. La vieja se vuelve, refunfuña y hace un gesto en el aire hacia él con la mano como si girara el pomo de una puerta. El bloqueo desaparece al instante y el visitante tiene la impresión que es la propia estancia la que tira entonces de él hacia adentro.

– ¿Café? – oye una voz grave al fondo de la sala, para él aún en la penumbra.
– ¿Eh?… Sí.
– ¿Te han echado las runas alguna vez?
– No.
– Es que hay que dejar bastante tiempo entre una tirada y la siguiente, porque el Oráculo de Odín solo sirve para orientar grandes períodos de la vida de la persona. Ven, acércate.

O’Flagherty avanza hacia el fondo de la sala y a cada paso va distinguiendo al viejo sabio sentado en un banco ancho cubierto con piel de foca.

– Siéntate ahí. – el viejo mira fijamente al recién llegado – Es por una mujer, ¿verdad?
– Sí… Me temo que siempre lo es.
– No siempre; a veces es por uno mismo, aunque parezca mentira. ¿Cuál es la pregunta?
– ¿Qué debo hacer?
– ¿Respecto de qué?
– Pues, – el irlandés lanza un largo suspiro, carraspea y extrae del fondo de sus entrañas lo que le ha llevado a hacer tan largo y complicado viaje: – ambos tenemos familia con niños pequeños… nos aterra el dolor que podemos causar.
– El dolor es impredecible, y acompaña a la vida, a la búsqueda. Cuando crees que habrá mucho, apenas aparece, mientras que a veces al actuar confiadamente se produce la tragedia.
– Te lo digo, Maestro, porque…
– Peer simplemente. Sigue.
– Pues… Peer…
– ¿Estás seguro –volvió a interrumpirle – que no será un puro asunto de faldas pasajero? Tú ya te has enamorado varias veces. ¿Me equivoco?
– No, digo, claro que me he enamorado, pero como esta vez ninguna.
– Siempre da esa impresión; cada vez creemos que es la definitiva.
– Te lo aseguro: no se parece a nadie que haya conocido, y además ninguna mujer se enamoró de mí de esa forma tan completa y total, tan arrolladora. Durante cinco días apenas comimos o dormimos, aprovechando todo el tiempo para amarnos. En todo momento fluimos libremente sin la más mínima reserva, precaución o bloqueo; todo iba transcurriendo intensa y continuadamente en una comunicación transparente y exenta de los acostumbrados temores infundados. Es una mujer extraordinaria. Inteligente, bellísima, ardiente, libre, un poco bruja… Nos conocimos en las Colinas de Tara, en el condado de Meatz…
– Vaya; un lugar emblemático para los druidas, y que los cristianos, dieciséis siglos después de la evangelización por San Patricio, aún creen haber erradicado aquel espíritu ancestral.
– … donde realizamos el ritual frente al monolito…
– Ah, claro, es eso: Creo escuchar la música. ¿Algún antepasado tuyo, más bien lejano, estuvo relacionado con la magia druida?
– No quiero hablar de eso.
– No te llamas Sean O’Flagherty, ¿verdad?
– No quiero hablar de eso.
– Ya. Percibo demasiada historia sobre tu espalda, un árbol genealógico cargado de sangre.
– ¿No lo están casi todos en este planeta?
– Bueno, más o menos, pero en tu caso hay un antepasado que…
– ¡Como sabes eso!
– Yo no lo sé, me lo estás transmitiendo tú ahora: identifico vibraciones muy intensas, incluso voces, gritos, llanto… Pero basta de cháchara.

El viejo mete la mano en una bolsa de cuero y se oye el tintineo de las piedras entrechocar suavemente en sus dedos. Al cabo de unos segundos las va sacando una a una en la tirada clásica de tres, colocándolas como han salido de derecha a izquierda.

El viejo mira directamente a los ojos del irlandés y empieza a recitar con una voz distinta, como si fuera otra persona la que hablara en ese momento:

– Nauhiz invertida indica que has querido entrar en un mundo de mucho dolor y duras pruebas. Nauhiz te dice que no culpes al mundo sino que averigües qué hay en ti que ha atraído tanta desgracia a tu vida. Hay muchos y muy difíciles asuntos que arreglar en tu yo pequeño para que el Yo grande pueda aflorar. Invertida significa un gran maestro disfrazado que te señala que has renegado de algo causando estragos en tu vida. Solo en el punto de mayor oscuridad es cuando advertimos la luz creativa de nuestro interior. Recuerda que “sufrir” en el sentido original significa “experimentar” el lado más oscuro de tu transito. Cuando logres mirar a Nauhiz con una sonrisa comprenderás que las dificultades, negativas y contratiempos son tus guías, tus maestros y tus impulsores.

Calla unos instantes para mirar al peregrino y escudriñar las turbulencias que afloran por su mirada perdida y angustiada.

– Bien, ¿que tenemos a continuación? Ah, Teiwaz, el guerrero espiritual y en posición derecha. Has venido aquí en el momento oportuno y providencial. Es la runa del valor y la energía. En la antigüedad los guerreros pintaban esta runa en sus escudos. Pero el combate del guerrero espiritual es siempre con el yo. Es la autoconquista. Vuelve la vista a tu interior y ahonda en los cimientos de tu propia vida. Se trata de reafirmar la voluntad mediante la acción sin estar pendiente de los resultados. Recuerda que lo único que puede hacer el guerrero es apartarse de su propio camino y esperar a que el Universo dé el primer paso.

El viejo vuelve a servir el café muy diluido, pero reconfortante.

– Y por fin Sowelu, la Totalidad, aquello que nuestra naturaleza requiere. Expresa el impulso de autorrealización e indica el camino a seguir, independiente de ulteriores motivos sino del núcleo mismo de tu individualidad. Ir el pos de la Totalidad es el afán del guerrero espiritual, sin embargo, lo que te afanas en llegar a ser es precisamente lo que por naturaleza ya eres. Has de tomar conciencia de tu esencia, de tu mito personal y darle forma, expresándola de un modo creativo. Has de reconocer lo que durante tanto tiempo te has negado.

Entonces el viejo aprovecha la aparición de esta runa para entonar el antiguo poema de Gayatri:

Oh, Tu, fuente de todo poder
Cuyos rayos iluminan el mundo,
Ilumina mi corazón,
para que él pueda también realizar su labor.

Se hace el silencio. Al cabo el irlandés se impacienta y pregunta:

– Sigue, ¿Qué más? ¿Qué significa? ¿Qué tengo que hacer?
– El oráculo eres tú, guerrero…
– No me llames guerrero, soy un simple caminante.
– Bien, pues, “caminante”, yo solo fui sacando las piedras que tú me indicabas…
– ¿Yo?
– Claro ¿Qué crees que es un oráculo? Solo alguien que sabe hacer de espejo. Un espejo ilustrado, eso sí, pero nada más. El “caminante” ya tiene las respuestas en el instante en que piensa en buscar y consultar al oráculo, pero no quiere admitirlas o cree que no es capaz de encontrarlas, por eso nos paga unas monedas para que lo hagamos por él. La gente que ha llegado a entender eso, como yo y tantos otros, nos ganamos la vida suplantando la decisión de quienes no quieren tomarla. Te lo diré más claro: tú colocaste las runas en mis dedos y yo solo te leí el significado. Por tanto eres tu quien sabe lo que hay que hacer.
– ¿Qué yo te coloqué las runas en tus dedos? – grita el irlandés con la expresión que empieza a desencajarse – Qué tontería. Fuiste tú quien metió la mano en la bolsa… – empieza a jadear – ¡Eres un fraude; me has engañado! ¿Para esto he tenido que hacer un viaje tan difícil y complicado? Y lo que es peor, – grita entre dientes – por una vez en la vida que me decido a creer…
– ¡Caminante! – ruge el viejo, que empieza a enfadarse – Al final de tan largo camino, ¿aún no has adivinado que nadie puede andar por ti?
– ¡Qué estupideces dices!… – masculla el irlandés dejando las monedas acordadas sobre el banco cubierto con piel de foca y se dirige a la puerta blasfemando.
– ¡Irlandés! – grita el viejo antes de que su visitante alcance la puerta
– ¿Qué quieres ahora, – se vuelve – no te he pagado?
– ¿No dijiste que el encuentro con esa mujer fue mágico, divino, especial?
– ¡Eso dije!
– ¿Estás seguro?
– ¡Absolutamente! Te he dicho que me he enamorado varias veces en mi vida, pero jamás viví nada parecido a esos 5 días en Tara. ¡Jamás!… Ni lo volveré a vivir, por vidas en las que deba reencarnarme.
– Ah, ya, claro. – exclama el viejo – Tu antepasado, ¿verdad? Esa pieza de oro que cuelga de un árbol genealógico cargado de sangre. Es eso ¿no es cierto?
– Porque no me dejas en paz viejo charlatán… – el irlandés está a punto de caer de rodillas en las maderas del piso y a romper en un desconsolado llanto. – Está bien: se llamaba… – rompe a llorar por fin en mucho tiempo como un niño atenazado por el espanto. – Henry Dunloghan… señor del condado de Armagh… poderoso por su valor y por su ejército, temido por el rey y por todos los condes de Irlanda… que lo dejó todo… – su voz sale entrecortada por los jadeos y el desespero – todo por su amada, porque… – el caminante ha clavado las rodillas en el suelo y ya no puede casi hablar, pero continúa con la fuerza de los seres corrientes que en el despojo de sus egos, sus orgullos, sus vanidades, se convierten en héroes – Porque eclipsó al mundo, le dio su razón para vivir… lo hizo vivir, lo convirtió en niño y al mismo tiempo en hombre. ¡Y así… – lanza finalmente un aullido bestial – es… también mi amada!

Se oye un rumor en el fondo de la sala. Es un crujir de maderas, frotar de unos pies desnudos sobre el piso. El viejo se acerca y también hinca la rodilla para colocar su mano en la espalda del visitante. Pocas veces el sabio se habrá arrodilladlo ante ningún otro ser humano, pero esta vez ha reconocido en el irlandés la fuerza de los ancestros, el poder de la transformación personal que acepta el riesgo a equivocarse y no teme ni a la soledad, el linaje de los antiguos guerreros celtas que compartían el gobierno del mundo con los propios dioses, antes de que las tinieblas se apoderaran de la Tierra. Y le rinde tributo

– Entonces, ¿no te parece que el Cielo ya ha dado el primer paso, como indica Teiwaz? Ahora es tu turno, guerrero. Es la respuesta que se formó en tu mente cuando pensaste en buscarme.

Notas:
– Los textos de las Runas están inspirados en el Libro de Ralph Blum, “El Oráculo Vikingo”
– Peer Gynt es un personaje y el titulo de una de las tragedias más famosas de Ibsen.
– Henry Dunloghan es el personaje central de mi novela “Ashânte, Mensajeros de la Mente”.

Juan Trigo
25/12/2011

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de planocreativo Publicado en CUENTOS

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