“Enamorar a la máquina”, un cuento erótico de Juan Trigo


Nota editorial de la revista Penthouse en la que fue publicado este cuento en mayo 1980: Un mundo distinto el que nos ofrece Juan trigo en su relato “Enamorar a la Máquina”, inscrito en el género de la ciencia ficción erótica. Es un mundo en el que la tecnología, en forma de sofisticada maquinaria y perfeccionísimos robots, intenta superar y destruir las tradiciones del hombre, Sin embargo, el sexo de una mujer joven será a la postre, quien desbarate todas las teorías dispuestas en las computadoras más avanzadas.

El autor ha conseguido una narración muy concreta y ajustada de lo que podría llegar a ser la sociedad del futuro, dominada por una técnica que- en definitiva- tampoco es capaz de aniquilar los valores humanos.

Juan Trigo, 1980

*

ENAMORAR A LA MÁQUINA

-PRIMERA PARTE-

La condujeron a la cámara de experimentación, en silencio. Ella estaba tranquila. Almorzó pausadamente y con buen apetito después de realizar uno por uno todos sus ejercicios matinales, como hacía invariablemente y con la misma dedicación que ocho años antes, al cumplir los diez, cuando conoció a Goreb, su maestro. Y el informe que emitió aquella mañana el médico de turno, encargado de la 3ª planta (en la que había vivido Duma los últimos seis meses), siguió sorprendiendo, tanto a la Dirección del Centro de Investigaciones Especiales, como al propio Consejo de Administración de la Multinacional.

Aquel era “el gran día”, en expresión de los altos dirigentes de la Holstein Corporation de Nueva Jersey, en la que aquella extraña muchacha -la candidata número 3.430 de las contratadas para servir de base a las experimentaciones sobre el Hombre Artificial-, y según el programa ordinario de pruebas, iba a ser desflorada por el complejo de mecanismos simuladores del órgano sexual de “George”. Hasta aquel momento los ensayos estaban dando resultados excelentes, y los primeros especímenes del hombre producido por la poderosa multinacional de la cosmética, la biomédica, la alimentación biológica y la informática, estaban siendo ya ofrecidos al mercado en las boutiques de la informática, en los centros de distribución de métodos para el autoconocimiento, en salas de modas, etcétera, con mayor éxito del que en un principio habían previsto los servicios de marketing.

Pero la Holstein (aquel monstruo cuya cifra de ventas superaba el Producto Nacional Bruto de un país subordinado, como por ejemplo España, que tenía ocho bases de lanzamiento de satélites espaciales destinados- de momento- a controlar las comunicaciones del planeta) debía ir más lejos. La producción, inicialmente programada de 200.000 especímenes de “George” al año, debía venderse, no sólo en las tiendas de moda, y en los barrios de clase alta, sino en los Supermercados y, a ser posible, en locales del Partido Comunista ubicado en los barrios obreros. Cada hogar debía poseer, junto al televisor, el estuche de preservativos e instrumentos eróticos, o el equipo de Bingo Doméstico, un Hombre Artificial. Se vendería como criado, maestro, médico, mayordomo, amante, o lo que fuera, que para ello estaba dotado de un cerebro de inteligencia y memoria superior a la de cualquier ser humano, o cualquier otro argumento de venta, pero se colocaría masivamente en todos los hogares y a cualquier precio. Incluso Holstein había organizado servicios de ventas a plazos sin intereses, que pondría en marcha cuando los mercados de las clases altas comenzasen ya a estar saturados y el mimetismo en las clases medias ejerciera una cierta presión… Colocar ese ejercito de Hombres, cuyo cerebro había sido preparado por la Holstein durante años y que dominaban las artes marciales como ningún maestro, a cualquier precio y lo más rápidamente posible.

-Mucho cuidado esta vez-murmuró Idris Samuelson, Director del Centro de Investigaciones, al Jefe de Servicio, Doctor Bafomed, en el momento en que los enfermeros dejaron a Duma en la sala IV (donde se realizaban los experimentos con todo el complejo sistema sexual de Georges) y cerraron la pesada puerta blindada.

-¿Temes que le ocurra algo a la muchacha? Hasta ahora no se nos ha muerto ninguna… Unos meses de recuperación en nuestro sanatorio de los Alpes y salen como nuevas… Bueno, algunas necesitan más, pero… En fin, no logran tener relaciones sexuales normales durante algunos años…

-No pensaba en ella- interrumpió el viejo halcón, al cabo de unos minutos. Si no en George.

-¿Georges?… Bueno, allí dentro sólo hay poleas, mecanismos, cables… Aunque agarre algo contundente y la emprenda con todo lo que encuentre sólo destrozará un montón de hierros…

-Pero está el cerebro, el cerebro de George… Va a quedarse sola con el cerebro de George.

-Bueno… Ya ha estado muchas veces sola conversando con George. Por lo menos lleva ya unas cincuenta sesiones…

SEGUNDA PARTE

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3 comentarios el ““Enamorar a la máquina”, un cuento erótico de Juan Trigo

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