“Enamorar a la máquina” (Segunda parte)


*

-Por eso lo digo. George ha estado esperando este momento con mucha más impaciencia que ella- sentenció solemnemente, de golpe, y añadió: Está como un adolescente en su primera noche de bodas, y no le había ocurrido con ninguna hasta ahora. Me ha incordiado durante toda la noche, y desde hace días sólo piensa en Duma… Todo su increíble cerebro, su inmenso potencial de comprensión, que sería capaz de explicarle a Einstein el por qué de sus errores en la Teoría de la Relatividad, su inalcanzable proyección, su memoria, todo eso, que nos supera largamente, está anhelando amar a una miserable muchacha cono esa que acaba de entrar en una de sus doce salas, donde se reproduce una de las doce partes de su cuerpo y su conciencia.

-¿Quieres que suspendamos las sesiones, que echemos a esa chiquilla a la calle?

-¡No!… -los ojos del viejo llamearon como lo haría Saturno antes de comerse a uno de sus hijos-. No… Dejemos que el experimento siga adelante.

-Pero si temes que…

-Temor… Sabiduría… Todos formamos parte del experimento, incluso esos miles de ciudadanos que han comenzado a comprar las versiones más sencillas de George… Todos…

-Está bien…. voy  a la Sala de Mandos. Nadie podía soportar la mirada de aquel anciano investigador cuando se inundaba con el fulgor del Averno, con el espíritu del terror universal.

-Pon mucha atención- le dijo a Bafomed cuando éste ya se había alejado unos diez metros e iba a entrar en la cabina de cristal, desde donde el equipo de investigaciones registrarían todo lo que iba a suceder dentro de la Cámara IV, hasta la más leve sensación de dolor o de placer que experimentara Duma. Todos los estados de la libido, de excitación sexual, de deseo o de repulsión, que ayudara a perfeccionar las artes de insustituible amante con que iban a salir al mercado las próximas series de George. Todo sería registrado y medido con minuciosidad suiza.

Nunca había entrado en la Cámara IV, y al cerrarse la puerta y encenderse al luz, le pareció haber entrado en un precioso taller de relojería. Desde luego no esperaba encontrarse en una alcoba nupcial o un atrio romano preparado para la más refinada orgía, eso ya pertenecía al pasado. En los seis meses que vivió en la Residencia de los Holstein, después de haber sido seleccionada para aquellas pruenas de entre varios millares de aspirantes, pudo darse cuenta de que no se encontraba en un Club Privado o en el harén de un Jeque del Petróleo, si no en una empresa, una moderna empresa de producción y venta, como cualquier otra, sólo que… sus productos podían resultar ciertamente curiosos. Sus productos y sus objetivos.

-Hola Duma…- se oyó una voz increíblemente cristalina y melodiosa, pero que ella conocía muy bien, al tiempo que se iluminaban en el panel de instrumentos de la pared, las dos pantallas de televisión que reproducían los ojos de George para esa Sala-. ¿Ya te sientes mejor? ¿Ya ha pasado todo?

-Sí…- murmuró ella-. Has de darme tiempo para que me habitúe a todo esto… Aunque, según el programa de pruebas, hoy…

-Sí, Duma,… eso pone el programa. Pero no te preocupes-, añadió con acento resuelto- tómate todo el tiempo que quieras, ya sabes que yo puedo variar el programa…

-¡No, George… no! Ya te lo he dicho más de una vez: lo que deba hacerse, que se haga pronto. No me da miedo, sólo que después de tanto tiempo de esquivar los ardores masculinos de amigos, compañeros y desconocidos, nunca imaginé que lo haría con una máquina… ¡Oh, perdona, George! No he querido…

-¿Por qué, Duma?: Soy una máquina, un robot, y me enorgullezco de ello. Nunca iré por ahí haciendo creer lo contrario. En primer lugar porque no sé decir otra cosa que la verdad, y en segundo lugar porque soy mucho mejor que cualquier humano… aunque esto es vanidad y… Duma: aún no nos hemos besado…

-¿Y a qué esperas…?- Masculló tratando de reponerse a la vida emoción que , como un seco latigazo, le recorrió la espalda y todo su ser, al oír aquellas sencillas palabras. No se acostumbraba a semejante situación. Ni ella ni las demás candidatas, sólo que Duma había decidido beberse el cáliz de golpe… y pasara lo que tuviera que pasar.

Cerró los ojos, como las otras veces, y volvió a escuchar el casi imperceptible rumor de las poleas que desplazaban hacia ella con los aparatos sensores de la boca de George, el conjunto de cables, células y palpadores acoplados a un complicado armazón que se deslizaba suspendido del techo gracias a un no menos complejo sistema de rieles. El mismo que ya había encontrado y experimentado en otras salas, y que reproducía los sentidos del tacto, las manos y la boca que luego se acoplarían al George terminado, pero en los mecanismos de la Sala IV debía incluirse, sin duda, el aparato sexual.

Una vez más sintió aquel calor, incluso aroma de hombre conocido, antes de que unos labios carnosos y firmes se posaran en los suyos y la envolvieran en un apasionado beso, y, una vez más, le pareció mucho mejor que la anterior, mucho más perfecto, adaptado increíblemente a su gusto, a su estado emocional del momento, con precisión milimétrica. Y … una vez más tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano por no abrir los ojos y lanzar los brazos al cuello de aquel ser que la arrastraba de forma tan icontenible… porque sabía perfectamente que se hubiera encontrado con cables y poleas en lugar del cuerpo de un hombre.

Continuará…

LEER PRIMERA PARTE

LEER TERCERA PARTE

Imagen: Tejal Patni

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5 comentarios el ““Enamorar a la máquina” (Segunda parte)

  1. Overheating happens when place of work gear receives outdated and electronic elements break down.
    The company also created a line of outdoor gasoline grills known as “Grill – Learn”
    grills that ended up bought as a result of the US. [Graphic A: Illustration of a toaster with the several elements named out].

  2. Hey there are using WordPress for your blog platform?
    I’m new to the blog world but I’m trying to get started and create my own.
    Do you need any coding knowledge to make your own blog? Any help would be really appreciated!

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