Tu cuerpo es mi orgasmo, mujer.


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Dijiste que me había cambiado la cara al hacerte el amor que me había entregado tanto que parecía otro al que no habías conocido nunca. Creo que sigo siendo yo, aunque a lo mejor fue el rostro del extraterrestre que soy en realidad, cual Principito de planeta en planeta. A lo mejor es mi rostro verdadero y no el otro contraído, tenso y desesperado que conoces.

El orgasmo si es profundo transforma incluso físicamente. Arranca velos y coberturas y destruye mediocridades en una explosión que sacude el magma dormido de las entrañas. Por eso te dije que necesito prolongarlo porque hay demasiadas imágenes dormidas que sacudir y vomitar como lava.

Tu cuerpo es mi orgasmo, mujer, pero se alimenta del tuyo de tus convulsiones, tus alaridos de tu expresión sorprendida y asustada al principio, luego se transforma en placentera, aparece la sonrisa de niña tranquila.

Te doy mi ser. El yang ha nacido para quemar y quemarse. No tiene ningún sentido para el macho conservarse, reservarse, usar la prudencia para perdurar, porque solo será un muerto viviente. Y yo quiero vivir aún después de muerto.

 

Juan Trigo

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Imagen: Jurgen Gorg

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