LAS ONDAS GRAVITACIONALES


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Allá por la época, ciertamente lejana, en que obtuve el Doctorado en Ingeniería Química, y que asistía a seminarios de Física Cuántica, me intrigó el que de todas las formas de energía conocida, la electromagnética, la nuclear débil, la nuclear fuerte, etc. la única que no tenía asociada partículas con las que establecer ecuaciones para predecir efectos (como la ecuación de onda de Schrödinger para operar con partículas subatómicas) era la gravedad, y por lo tanto hubo que construir un hipotético gravitón para hacernos la ilusión de que se completaba la teoría. Recuerdo como esperábamos de las declaraciones de Stephen Hawking su estudio de la cuántica de la gravitación. Hoy vienen a mi memoria tales devaneos de estudiante de la Politécnica de Barcelona, a propósito de la popularización en estos días de artículos sobre Ondas Gravitacionales porque también estudiábamos la controversia continuidad/discontinuidad protagonizada por de Einstein y Heisenberg, reactivamente, zanjada apresuradamente por el primero con su famosa frase “Dios no juega a los dados”. Lo que también atrajo mi atención fue ese símil suyo de la sábana que lo cubre todo y en la cual una perturbación que ocurre a miles de kilómetros de distancia la sentimos aquí debido a ese medio continuo en el que se propaga todo.

Parece a primera vista lógico que cualquier perturbación en el universo se transmita en forma de ondas, pues así se transmite toda forma de energía. Lo novedoso es haber detectado esas ondas, aunque sea por medio de un complejo interferómetro laser y sobre la perturbación producida por una colisión masiva, aunque sea el efecto de esas ondas gravitatorias muy débiles. Las más fuertes que se podría esperar observar en la Tierra serían generadas por acontecimientos muy distantes y antiguos, como la colisión de dos estrellas de neutrones o de dos agujeros negros masivos, en los cuales una gran cantidad de energía se movió violentamente. Tal onda debería causar cambios relativos en distancia por todas partes en la Tierra, pero esos cambios están en un orden de 1/1021.

Una vez examinada la literatura actual sobre ondas gravitacionales me siguen pareciendo válidas las discusiones académicas que librábamos en mi época de estudiante acerca de la gravedad, una fuerza que dirige y mantiene nada menos que el universo, y sin embargo solo somos capaces de expresar por unas leyes muy simples y evidentes, enunciadas a partir del puro empirismo, como son las de Newton, y que además no podemos encontrar una partícula asociada con la que hacer cálculos y predecir. De todos modos valga el descubrimiento de las ondas gravitacionales aunque solo sea, de momento, para dar la razón a Einstein y la inspiración genial del ser humano en su búsqueda de explicaciones.

Juan Trigo

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