LOS PELIGROS DE LA FANTASÍA EN LA INTERPRETACION ASTROLÓGICA.


Relojes blandos

Personalmente soy muy dado a dejarme llevar por mundos paralelos de pura fantasía. Pueden comprobarlo en mi blog, en el que podrán leer varias novelas, cuentos y poemas. Pero cuando voy a utilizar una herramienta para algo concreto necesito aplicarla con cuidado y tratar de hacerlo con la máquina precisión, porque si no lo hago así el resultado está muy lejos de ser el esperado. Si estoy cortando madera y me imagino que la sierra es un manillar de bicicleta, los trozos que haya cortado servirán mejor para la estufa que para construir una silla. En mi opinión la astrología es una herramienta muy versátil, precisa y suficientemente compleja como para darte respuesta a casi todas las preguntas sobre el carácter, historia infantil, el porqué de acontecimientos relevantes, predicción de acontecimientos futuros y muchas otras peguntas más. Pero si no se trabaja con precisión, por ejemplo, empezando por ajustar la hora de nacimiento, tomando las posiciones de los tránsitos al minuto, calculando despacio y con cuidado el tiempo de ocurrencia de las progresiones, etc. No tendremos un resultado útil y que pueda servirnos para lo que necesitamos. No habrán servido de nada los tres mil años de desarrollo de esta ciencia. Y no es su culpa sino la nuestra. Es como si un relojero tratara de montar su reloj fantaseando sobre el destino de los ángeles en lugar de ceñirse a la metodología de un oficio tan antiguo para producir un instrumento que de la hora y no se entretenga con elucubraciones mentales.

Con todos los respetos que me merecen las invenciones surgidas por generación espontánea, en el caso de la ciencia astrológica hace falta mucha comprobación práctica sobre acontecimientos comprobados de la vida de muchas personas para poder validar cualquier descubrimiento, y eso en el supuesto de que este esté respaldado por una base científica sobre el desarrollo histórico del saber tradicional. En otras palabras, hay que tener mucho cuidado en reconocer cuando una intuición tiene base real o simplemente es producto de algún patrón emocional desatado.

Con todo lo anterior no quiero decir que la interpretación astrológica sea un ejercicio intelectual de precisión ni mucho menos, puesto que habrán leído en muchos de mis escritos que hay que utilizar la intuición más que el intelecto y que memorizar recetas ni sirve de gran cosa. Pero como quiera que demasiadas veces la fantasía se disfraza de intuición sobre todo cuando viene cargada de contenidos esotérico-trascendentes, hay que tener la precaución de aplicar un riguroso y muchas veces poco seductor pragmatismo para discriminar lo que es real de lo puramente fantasioso y falto de base que se pueda comprobar.

Juan Trigo

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