LA DIFICIL COMPRENSIÓN DE LOS PLANETAS TRANSATURNINOS.


El descubrimiento de Urano por Herschel en 1781 abrió el camino a descubrir otros compañeros del sistema solar, y con ello nuestra excitación como buscadores de correlaciones entre el cielo y la tierra. Ciertamente se ha escrito muchísimo en astrología sobre Urano, Neptuno y Plutón, y ciertamente también la observación directa en consulta diaria sobre sus influencias en la persona parecen corresponder con la teoría que utilizamos. Pero me pregunto por la enorme distancia que separa la interiorización de los planetas tradicionales con los modernos.
Para la interpretación de los tradicionales nos basamos en más de cuatro mil años de experimentación directa, investigación, debate, escuelas, escritos, versiones, líneas de trabajo, etc., mientras que creemos saberlo todos de los modernos con esos pocos años de ensayo en correlaciones mitológicas, Urano el rebelde, Neptuno el difuso, Plutón el señor del inframundo, etc., y no quedamos tranquilos. La historia de la observación aplicada, llamada ciencia, es una carrera de relevos en pos de tranquilizar nuestra angustia existencial con parches más o menos inspirados, encuentros fortuitos, elaboraciones brillantes o simplemente copias de otros que no pudieron llevarse el protagonismo. Pero las matemáticas de los fractales o la física de las cuerdas deben su desarrollo también a Pitágoras, la astronomía de los agujeros negros a Hiparco o Berosio, la medicina endocrina y la cirugía endoscópica a Hipócrates, Avicena, Paracelso, etc. El desarrollo del pensamiento postmoderno también tiene raíces en Sócrates, en Kant, en Nietzsche, etc.
Vengo a decir que podría ser útil reconocer la fragilidad de la trayectoria del desarrollo de la conciencia y tomar muchas precauciones a la hora de interpretar Urano, Neptuno y Plutón, y Quirón, en una Carta Natal, especialmente por el hecho de que la astrología moderna no dispone de universidades y centros de investigación como en el caso mencionado de la teoría de los fractales, de las cuerdas o los agujeros negros, a la disposición de estas teorías para validarlas, profundizar en sus aspectos menores, etc.
Por todo lo anterior propongo pensar en la interpretación de Urano, Neptuno y Plutón como energías que trascienden la praxis tradicional y aproximarnos a un efecto mucho más sutil y desconocido, y sobre todo que hemos de ir con mucho cuidado a la hora de diagnosticar o hacerlo en algún sentido que deje puertas a lo imprevisto en Urano, a lo difuso en Neptuno y a lo escondido en Plutón, mucho más que como lo hacemos normalmente.
En otras palabras, y a modo de colofón, me quedo siempre preocupado por la manifiesta seguridad y categorización que leo en algunos artículos o trabajos sobre estos planetas como si ya lo supiéramos todo o fueran materia archiconocida, porque en mi opinión resulta todo lo contrario. Si en astrología tradicional nos encontramos con tanta controversia entre destacadas figuras de la antigüedad sobre temas fundamentales, ¿qué podremos decir sobre asuntos de nuevo cuño? A lo mejor tendríamos que preguntarnos el porqué nos mostramos tan seguros de nosotros mismos acerca de ciertos derroteros del conocimiento.
Juan Trigo
Enero 2017

 

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