MI OPINION DE LO QUE ES UN VERADERO MAESTRO ESPIRITUAL


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Para empezar planteando esta crucial cuestión, que la humanidad ha tenido que enfrentarse y sufrir las consecuencias de no encontrar una respuesta válida (aunque la tuviera ante sus narices, en el ejemplo de Jesús de Nazaret) y que tantos miles de millones de vidas ha arrastrado a la inutilidad y la ignorancia, podríamos empezar por la propia vida de Sócrates, maestro de maestros, que la dedicó y la sacrificó en aras de la Verdad. Y digo ejemplo de vida por aquella advertencia bíblica: “Por sus obras los conoceréis”, es decir, juzguemos por lo que hacen y no por lo que pretendan vendernos para supuestamente aliviar nuestra angustia existencia. Y me gustaría empezar por mi propia experiencia con maestros sufís.

Yo había tenido contacto con discípulos de Idries Shah, de la orden Naqshbandi, y leído muchas de sus obras, diez años antes de mis contactos directos con órdenes derviches en Estambul y Teherán.

A través de la búsqueda de contactos y la correcta explicación de mis intenciones, según había estudiado en las obras especializadas, y con el aval de un discípulo (como también se describe que has de hacer en los manuales de instrucciones sufíes) llegué a participar en una sesión de los jueves en la Hanegah (“casa de agua”, traducido literalmente del persa; lugar de reunión y alimento espiritual, de ahí la simbología del agua) de la orden Nematullah Wali en Teherán para suplicar me admitieran. Y esto es lo que quiero explicarles:

Lo primero que el Sheikh, Maestro, me preguntó fue cuál era mi situación social. Le dije que me acababa de divorciar y que mi intención era la de peregrinar por el mundo en busca de la Verdad. Me respondió inmediatamente pero con mucho cariño:

“Amigo mío, loables son tus intenciones, pero aquí no podemos ayudarte. Todos tenemos una familia a la que cuidar y proteger, y por tanto dependemos de un empleo. Aquí todos estamos en las mismas condiciones; yo soy empleado de banca, mi esposa es maestra en una escuela pública, el hermano Verreshk, que tan gentilmente te ha traído hasta nosotros es sastre y mantiene a esposa y tres hijos, de momento… (rió). Te explicaré algo que seguramente habrás leído sobre nosotros: Estamos en el mundo sin ser del mundo. Y este estar en el mundo lo es con todas sus consecuencias, y precisamente eso es la mejor herramienta de aprendizaje. No podemos trabajar contigo en las enseñanzas si no dispones de ejemplos claros y concretos en tu vida cotidiana que te sirvan para comprobar esas enseñanzas de desapego, servicio y a fin de cuentas amor. De modo que si algún día decides colocarte en ese estado de la condición social, vuelve y hablaremos. De momento tu hermano en la orden te proveerá de los libros en inglés que necesites.”

He de añadirles que ese empleado de banca movía cada jueves por espacio de varias horas a dos centenares de hombres y mujeres al ritmo de los tambores y las ney (flauta) hasta el paroxismo espiritual, mientras daba órdenes con la mente a uno y a otro para que se sucedieran en el recitado de las letanías.

Lo que pretendo compartir es que un verdadero maestro no predica, no trata de convencer, de poner las cosas bonitas y atractivas para captar adeptos o discípulos, no muestra lo que sabe ni jamás se vanagloria de ello, porque es consciente que su sabiduría no es suya y que él solo es un canal de transmisión que debe mantenerse limpio y sin estorbos, como un perfecto instrumento musical. Por ello no reclama dependencia y mucho menos devoción. Y es aquel que al ver que su discípulo ya ha asimilado sus enseñanzas que podía administrarle le invita, o le obliga si es necesario, a dejarle, a apartarse de él, porque es muy consciente de que sus enseñanzas, como las de cualquier otro maestro solo pueden abarcar una parte de la totalidad (*). Por ese motivo, porque no hace de sus enseñanzas trascendentes un negocio, ha de tener un empleo o profesión liberal para mantener a su familia.

Uno de los modelos capitales es Krishnamurti, aquel que no quería discípulos ni crear grupos ni organizaciones, que recomendaba no creer a nadie ni a nada que uno no haya podido experimentar. Un hombre capaz de disolver la Orden de la Estrella de Oriente, con más de 10.000 devotos seguidores y capaz de donar sus propiedades para crear escuelas y ceder sus bienes hasta el punto de pasar hambre en algunos momentos de su vida (descrito en su biografía por el matrimonio ingles que lo acogió en su casa). Recomiendo muy especialmente leer su “Discurso de Disolución de la Orden de la Estrella de Oriente”, una operación de márquetin Occidental, creado por mentes oscuras como Anie Besant y Lembecker, para contrarrestar la influencia de la espiritualidad de la India a principios del Siglo XX.

Y por el contrario, uno de los modelos a desmontar es Gurdjeff. El caso de este “mongol que extravió el camino” como suelen llamarle en los círculos sufís del Asia Central, es el típico del iniciado que habiendo sido entrenado en las más altas disciplinas del conocimiento se creyó protagonista de las mismas, es decir, en lugar de canal pensó que era el creador y su vanidad le impulsó a fomentar el culto a su personalidad, y a partir de ese momento la Fuente se desconectó de él.

Es interesante estudiar su trayectoria, y se puede hacer por medio de dos libros: “Los Maestros de Gurdjeff” de Lefort, en el que se describe como viaja de maestro en maestro, de Siria a Egipto, etc., para aprender de cada uno las enseñanzas que éstos pueden darle; lo que decíamos más arriba, cada Maestro solo puede enseñar una parte de la Unidad. Y la segunda obra a leer su “Mis Encuentros con Hombres Notables” donde podemos comprobar su elevado grado de asimilación de las enseñanzas antiguas, y tal vez algunos extractos de su “Relatos de Belcebú a su Nieto”. El resto es repetición y tratar de sacar partido a todo lo que va encontrando, añadiendo de su propia cosecha mucha imaginación.

En resumen, podríamos reflexionar sobre la condición mundana del maestro espiritual que iniciábamos al principio, por medio de una sencilla pregunta: ¿Es un empleo, un negocio o una responsabilidad? En otras palabras, ¿se puede vivir de aliviar el vacío existencial de la gente y ayudar a su descubrimiento personal? Y como no me estoy refiriendo a profesiones como la de psicólogo, astrólogo o sacerdote, sino a fenómenos mediáticos como Castaneda, Sai Baba, etc., por poner algún nombre no contemporáneo, a mí entender una útil vara de medir puede ser aquella máxima crística citada al principio de: “por sus obras los conoceréis”.

Tomemos un ejemplo muy conocido: Castaneda salió a hacer un trabajo de campo para su tesis doctoral de antropólogo y se encontró de bruces con una parte espectacular y exótica del Conocimiento, y él y sus discípulos crearon una corriente espiritual. Dejando aparte la controversia sobre la veracidad de sus afirmaciones y la opacidad biográfica, porque no es objeto de lo que quería exponer, lo real es que en “Las Enseñanzas de Don Juan” encontramos un elemento, presente en todas las enseñanzas trascendentes, destinado a proporcionar a la persona la percepción de su otra realidad, probablemente La Realidad. Lo que quiero decir es que si se toma un elemento por si solo sin relacionarlo con la totalidad, uno puede hacerse rico publicando libros, cobrando conferencias y cursos y en fin otras manifestaciones mediáticas, pero solo habrá cumplido con aquel chiste del diablo y el humano que encontró una parte de la Verdad.

Dice que un día caminaba el Diablo por la calle explicando a sus discípulos algún aspecto del Conocimiento cuando uno de ellos le advirtió: “Maestro, mirad ahí abajo, ese humano ha encontrado una parte de la Verdad”. “¿Y qué?”, respondió el Diablo. “Pues que puede desmontar toda nuestra estrategia de manipulación de masas”. “No te preocupes, pues ha encontrado solo una parte, y como le va a deslumbrar ese descubrimiento, creará una secta o corriente espiritual y se olvidará de seguir buscando para relacionarlo con la Totalidad”.

El dilema es: Encontrar una parte y explotarla mediáticamente o seguir buscando las demás, aunque uno deba mantenerse en el empleo o profesión que le da de comer. Eso es lo que quería proponer aquí.

Juan Trigo
El Bruc diciembre 2014

(*) La Verdad está diseminada por el mundo, y al buscador ha de ir recopilando los fragmentos, en una especia de ritual referido al mito de Isis recogiendo los pedazos de Osiris. Dice Ibn Arabi, sufí hispano del siglo XIII, “Un verdadero arif (compleja palabra árabe que podría traducirse como creyente, buscador, realizados espiritual) no puede quedarse atrapado en ninguna forma de creencia.

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Un sol por corazón


solcorazón*

Una vez me dijo un maestro sufí que el Sol emite almas,

y que cuando baja su actividad la humanidad transita por sus zonas oscuras.

Probablemente cuando los sufís se refieren al “Núcleo del Núcleo” lo estén haciendo al sol,

y el punto de nuestro organismo que nos ayuda a sintonizarnos

con la energía universal, solar, es sin duda el corazón.

*

Juan Trigo

“LA PRUEBA DEL ZORRO”, CUENTO SUFÍ


Érase una vez un zorro que se encontró a un joven conejo en el bosque. El conejo preguntó:
“¿Qué eres tú?”.

El zorro respondió: “Soy un zorro y podría comerte si quisiera”.
“¿Cómo puedes probar que eres un zorro?”, preguntó el conejo.
El zorro no sabía qué contestar, porque en el pasado los conejos siempre habían huido de él sin plantearle cuestiones de este tipo.
El conejo dijo: “Si me puedes mostrar una prueba escrita de que eres un zorro, te creeré”.
Así pues, el zorro acudió corriendo al león, que le dio un certificado de que era realmente un zorro.
Cuando volvió, el conejo estaba esperando y el zorro empezó a leer el documento. Estaba tan encantado que iba saboreando los párrafos con un lento placer. Mientras tanto, habiendo captado lo esencial del mensaje, el conejo se metió rápidamente en su madriguera y nunca volvió a ser visto.
El zorro regresó a la guarida del león, en donde vio a un ciervo conversando con él. El ciervo estaba diciendo.
“Quiero ver una prueba escrita de que eres un león…”
El león le dijo: “Cuando no tengo hambre, no necesito molestarme. Cuando tengo hambre, no necesitas nada por escrito.”
El zorro dijo al león. “¿Por qué no me dijiste esto, cuando te pedí un certificado para el conejo?”
“Mi querido amigo”, replicó el león, “debías haberme dicho que éste te lo pedía un conejo. Pensé que era para un estúpido ser humano, del que algunos de estos estúpidos animales han aprendido ese pasatiempo”.

IDRIES SHAH, en “La sabiduria de los idiotas”.

El mundo es una prisión y nosotros somos los prisioneros: ¡haz un boquete en el muro de la prisión y sal de ella! Jalal al-Din Rumi.


*

Imagínate a un hombre que tiene que rescatar a gente de cierta prisión. Se ha decidido que sólo hay un modo plausible de llevar esto a cabo. El libertador tiene que entrar en la prisión sin atraer la atención. Debe permanecer allí relativamente libre para actuar durante cierto período. La solución escogida es que entrará como convicto.

Por consiguiente, hace los preparativos, oportunos para que le capturen y le sentencien. Como otros que han caído víctimas de este sistema, se le envía a la prisión que es su meta.

Cuando llega, sabe que se le ha despojado de cualquier posible dispositivo que le pudiese haber ayudado en una escapada. Todo lo que posee es su plan, su ingenio, su habilidad y su conocimiento. Por lo demás, tiene que arreglárselas con equipo improvisado, adquirido en la propia prisión.

El mayor problema es que los prisioneros sufren de psicosis carcelaria. Esto les hace pensar que su prisión es el mundo entero. Otra característica es el olvido de partes esenciales de su pasado. Por consiguiente, casi no poseen memoria alguna de la existencia, perfil y detalle del mundo exterior.

La historia de los compañeros de prisión de este hombre es una historia carcelaria. Sus vidas son vidas carcelarias. Piensan y actúan en base a ello.

Por ejemplo, en vez de acumular pan como provisión para la huida, lo moldean y hacen dominós con los cuales juegan. Saben que alguno de estos juegos son diversiones, pero otros los consideran reales.

A las ratas, que podían entrenar como medio de comunicación con el exterior, las tratan como animales domésticos.

Beben el líquido de limpieza que contiene alcohol, el cual les produce alucinaciones placenteras. Considerarían una triste pérdida, incluso un crimen, si alguien lo usase para drogar y dejar inconscientes a los guardianes, haciendo posible la huida.

El problema se agrava, ya que los desdichados han olvidado el significado de algunas de las palabras normales que hemos estado usando. Si les pides una definición para palabras tales como “provisiones”, “viaje”, “huida”, obtendrías una lista de significaciones como “rancho carcelario”, “caminar de un bloque de celdas a otro”, y “evitar el castigo por parte de los guardianes”.

“El mundo exterior” sonaría a sus oídos como una extraña contradicción: “Ya que éste es el mundo, este lugar donde vivimos -dirían-, ¿cómo puede haber otro fuera?”.

El hombre que está trabajando en el plan de rescate, al principio, sólo puede actuar mediante analogía.

Hay pocos prisioneros que acepten sus analogías, ya que a ellos les parecen locos balbuceos. Cuando dice “necesitamos provisiones para nuestro viaje de huida al mundo exterior”, por supuesto, a ellos les suena como el absurdo siguiente: “Necesitamos provisiones -alimentos para usar en la prisión- para nuestro viaje -trasladarnos de un bloque de celdas a otro- de huida -evitar el castigo de los guardianes- al mundo exterior -a la prisión exterior…”

Algunos de los prisioneros de mente más seria puede que digan que quieren entender el significado de sus palabras, pero ya han olvidado el lenguaje del mundo exterior.
Cuando este hombre muere, algunos de los prisioneros hacen de sus palabras y actos un culto carcelario. Lo utilizan para consolarse a sí mismos y para encontrar argumentos contra el siguiente libertador que se las ingenie para llegar hasta ellos.

Sin embargo, una minoría, de vez en cuando, escapa.

Imagen: Menotodokukagiri

“Nadie puede mediar entre tú y Dios”


*

Un cuento sufí lo ejemplifica:

– Maestro, preguntó el el joven Gurdjieff, ¿Cómo puedo entender eso que me decías de que Dios está dentro de mí?
– Antes respóndeme, ¿qué es para ti Dios?
– Dios… es Todo, el universo y su creador a la vez, lo abarca todo, lo alimenta todo…, el discípulo interrumpió el discurso ante la inmensidad inabarcable de su propia descripción.
– Yo también lo veo así, respondió el Maestro acudiendo al rescate de su pequeño aprendiz de brujo. Bien, pues baja a la orilla del mar y tráeme un litro de agua, pero asegúrate de que es agua del Caspio.

Al cabo de una hora el joven Gurdjieff volvió diligente con un jarrón lleno de agua.

– Pero… ,empezó a protestar el maestro. Esta no es agua del Caspio. ¿De dónde la has cogido?
– Maestro, se lo juro, bajé a la orilla, me sumergí hasta la cintura y llené este jarrón.
– No puede ser, seguía insistiendo el maestro. ¿Dónde están los peces, y las plantas, y los pescadores…?
– Pero no me dijo que cogiera peces, ni plantas, y en cuanto a los pescadores…
– Nada, nada, para ser agua del Caspio ha de tener todo eso. Me has engañado, sentenció el maestro provocando al discípulo.
– ¡Maestro, el agua está por todas partes, en el Caspio, en el rio Gorgan, en mi cuerpo, en el vuestro, solo se diferencian en las variaciones propias del lugar y de las condiciones, pero es la misma agua!, se le cortó el resuello, más bien por temor a haber levantado la voz al maestro como por el propio esfuerzo.

Es de todos sabido que los métodos que emplean los maestros sufís son muy peculiares y difíciles de imitar o de compilar en un manual de instrucciones, sencillamente porque varían según el discípulo, el momento en que imparten la enseñanza y el lugar en que lo están haciendo. El maestro esperó unos instantes y sonrió.

– ¿Necesitas más explicaciones sobre la naturaleza del Dios, y porqué está en ti, que la respuesta que tú mismo acabas de encontrar?
– Entonces, ¿Dios es el agua?
– Es hora de preparar la comida, la respuesta a eso será otro día.

Explicación de Juan Trigo:

“El maestro conocía muy bien el fenómeno del proceso en el que se produce una, digamos, fatiga mental. El joven  Gurdjieff había agotado toda su energía del momento al descubrir qué quiso enseñarle el maestro al ordenarle ir a por agua, y de momento había relacionado que el agua del Caspio, como la del rio Gorgan, como la de la fuente del pueblo, como por ejemplo la de su propio sistema linfático, es la misma en su origen, solo que envolviendo y permitiendo el desarrollo de aquellos componentes propios de todas las criaturas existentes en el universo. De ahí a la deducción de que Dios es un concepto similar pero total, iba un paso, pero para captarlo el discípulo debía recuperarse del esfuerzo mental, para que sus facultades pudieran captar ese siguiente paso de la enseñanza con renovadas energías y por tanto con éxito”.

EL MONASTERIO MÁGICO


Un cierto derviche “humilde” y silencioso solía concurrir todas las semanas a las comidas que ofrecía un hombre culto y generoso. A tales reuniones se las conocía como Asambleas de los Cultos.

El derviche jamás intervenía en la conversación. Después de entrar estrechaba las manos a cada uno de los presentes, se sentaba en un rincón y comía lo que se servía. Terminada la reunión se ponía de pie, decía unas pocas palabras de despedida y agradecimiento y tomaba su camino. Nadie sabía nada de él. No obstante, cuando apareció por primera vez circularon rumores de que se trataba de un santo, y durante un largo tiempo los demás comensales pensaron que debía ser, sin duda, un hombre santo y poseedor de conocimientos, y aguardaban con placer el momento en que el derviche les impartiese algo de su sabiduría. Incluso algunos se jactaban de que el extraño participara en esas reuniones de amigos, dando a entender que esa compañía les confería a ellos una especial distinción.

Sin embargo, como no se observaba relación alguna con aquél hombre, poco a poco los invitados empezaron a sospechar que en realidad se tratase de un imitador o de un farsante. Algunos llegaron a sentirse incómodos por su presencia. Evidentemente él no hacía nada por armonizar con el ambiente y no aportaba siquiera un proverbio a las esclarecidas conversaciones que para ellos habían llegado a significar una parte entrañable de sus mismas vidas. Incluso algunos concurrentes no llegaban a percatarse de que el derviche estuviese presente, pues pasaba totalmente inadvertido.

Cierto día el derviche habló. Dijo:

-Yo os invito a todos a mi monasterio mañana por la noche. Cenaréis conmigo.

La inesperada invitación suscitó en todos un revuelo de opiniones. Algunos pensaron que el derviche, que vestía muy pobremente, debía ser un loco y que con toda certeza no podría ofrecerles nada. Otros supusieron que la conducta anterior había sido una prueba. Algunos se dijeron que, por fin, el derviche les compensaría la paciencia con que habían soportado tan pesada compañía. Hubo quienes se alertaron entre sí:

– ¡Cuidado! Podría ocurrir que busque tentarnos para someternos a su poder.

Pero la curiosidad indujo a todos, incluso al anfitrión, a aceptar la invitación, y a la noche siguiente el derviche los condujo desde la casa hasta un monasterio escondido, de tal magnitud y magnificencia que quedaron atónitos.

El edificio estaba poblado de discípulos que practicaban toda clase de ejercicios y tareas. Los invitados transitaron por salas de contemplación dónde gran número de sabios de distinguido aspecto se levantaron respetuosamente para saludar la proximidad del derviche con inclinaciones de cabeza.

El banquete con que fueron agasajados fue indescriptible y sobrepasó toda expectativa.

Los visitantes se sintieron anonadados. Todos le suplicaron que a partir de ese mismo instante los aceptase como discípulos.

Pero a todas esas instancias el derviche respondía tan sólo: “Esperad hasta la mañana”.

Llegó la mañana y los invitados, en lugar de despertar en las suntuosas camas de seda que se les habían brindado la noche anterior, se encontraron yaciendo tiesos y desnudos, dispersos en el suelo, en el interior de un pétreo recinto de una enorme y fea ruina, sobre una yerma ladera de montaña. Ni señales del derviche, de los bellos arabescos, de las bibliotecas, fuentes y alfombras.

– Ese canalla infame nos ha traicionado con artes de brujería – vociferaban los invitados, quienes alternativamente se lamentaban y felicitaban entre sí por sus sufrimientos y porque, finalmente, habían desenmascarado al villano, cuyos poderes sin duda se habrían extinguido antes de que pudieran cumplirse vaya a saber qué pérfidos propósitos. Muchos atribuyeron la salvación a su propia pureza espiritual.

Pero lo que ellos ignoraban era que, por los mismos medios de que se había valido para introducirlos en aquella mágica experiencia del monasterio, el derviche les había inducido a creerse abandonados en medio de ruinas. La verdad era que no estaban ni habían estado ni en un sitio ni en el otro.

En ese instante, como surgiendo de la nada, el derviche se presentó a sus invitados y les dijo:

– Regresaremos al monasterio.

Hizo un movimiento con sus manos y todos se encontraron otra vez en los salones palaciegos.

Entonces se sintieron arrepentidos de sus reclamos, pues inmediatamente se convencieron de que las ruinas no habían sido más que la prueba y el monasterio la verdadera realidad. Algunos musitaron:

– Es una gran suerte que no haya oído nuestras censuras. Con sólo que nos enseñe este extraño arte, habrá valido la pena.

Pero el derviche movió nuevamente sus manos y todos se encontraron otra vez en la mesa de la comida en común, de la cual, en realidad, nunca habían apartado.

El derviche continuaba sentado en su rincón habitual, comiendo su acostumbrado arroz con especias, sin decir palabra. Entonces, mientras lo contemplaban inquietos, todos oyeron su voz hablar dentro de sus propios pechos, aun cuando los labios del derviche estaban inmóviles. Dijo:

– Mientras vuestra codicia os impida distinguir entre el autoengaño y la realidad, nada real os podrá enseñar un derviche: sólo ilusiones. Aquellos cuyo alimento es autoengaño y fantasía sólo con engaño y fantasía pueden ser alimentados.

Todos los presentes en aquella ocasión siguieron frecuentando la mesa del hombre generoso, pero el derviche nunca volvió a hablarles.

Al cabo de un tiempo, los componentes de la Asamblea de los Cultos descubrieron que su rincón estaba siempre vacío.

Sólo hay que arrepentirse de una cosa



*

“Quien espera de de fuera de si mismo le llegue algo liberador, como no sean las enseñanzas de verdaderos maestros – y hay ciertamente muy pocos – esta en mi opinión perdiendo el tiempo. Y según oí una vez de uno de esos maestros: De lo único de lo que a lo mejor podríamos arrepentirnos es de perder el tiempo; de nada más, en absoluto”.

Juan Trigo

La devolución espiritual (con “d”)


…Es como cualquier camino de devolución espiritual (he dicho devolución, con ”d”), no sirve de nada si no nos sumergimos en la experiencia mística. No sirve de nada doctorarse en las grandes líneas religioso-filosóficas, saberse los clásicos, aprender de memoria el Corán, la Biblia, citar con los ojos cerrados a Buda, Eckart, Spinoza, etc. si algún elemento de su lectura en algún momento no ha logrado cambiar un gramo de algo en nuestra conciencia. Si no se opera ese cambio en el interior (del Tener al Ser), por ínfimo que sea, no ha ocurrido nada, absolutamente nada más que especulación intelectual, es decir, nada. Esto se ejemplifica en el cuento del Ilustre doctor en teología que un día le pide al barquero que le dé un paseo por el lago, lo conocen, ¿verdad?

Juan Trigo

Fuente: artículo de “Crisis económica 2011“.

La llave de Nasrudín


Muy tarde por la noche Nasrudin se encuentra dando vueltas alrededor de una farola, mirando hacia abajo. Pasa por allí un vecino.

– ¿Qué estás haciendo Nasrudín, has perdido alguna cosa?- le pregunta.

– Sí, estoy buscando mi llave.

El vecino se queda con él para ayudarle a buscar. Después de un rato, pasa una vecina.
-¿Qué estáis haciendo? – les pregunta.

– Estamos buscando la llave de Nasrudín.

Ella también quiere ayudarlos y se pone a buscar. Luego, otro vecino se une a ellos. Juntos buscan y buscan y buscan. Habiendo buscado durante un largo rato acaban por cansarse. Un vecino pregunta:

Nasrudín, hemos buscado tu llave durante mucho tiempo, ¿estás seguro de haberla perdido en este lugar?

– No, dice Nasrudín

– ¿dónde la perdiste, pues?

– Allí, en mi casa.

– Entonces, ¿por qué la estamos buscando aquí?

– Pues porque aquí hay más luz y mi casa está muy oscura.

Juan Trigo en Crisis económica 2010

de planocreativo Publicado en SUFISMO